13:2 sean MEDIAwPrXLEÜGRiAFÍA LITERARIA.
—Levantaos, caballero, nuestra señora y ama la Arquera de la hermosura, consiente en rccibiros.
Levanteme y fuímer con ellas ‘al pabellon antes descrito, rlonde se ofreció a mis ojos una doncella de tan pere- grina beldad, que no veran superior en el mundo los mortales dotados de vista.
En cuanto me vió, se levantó, haciendome reverencia, y despues de ‘invitarme con afabilirlad. a que me sentara me dijo:—-—Bien venido seas a mi presencia, oh tú el Señor de los Reyes y el Rey de los heroes.
Tras este, hizo traerme agua para las manos y ofrecernne manjares. Al terminarse la refaccion, dije a la prin- cesaz-Por Dios, servíos decirme, Arquera de la hermosura, que causa movió a vuestro padre a obrar de la manera que lo ha hecho. Yo me porte bien con el, librandole de recibir golpes de lanza en presencia de las cabilas de los arabes, y el me recoiïnjaerisa, en cambio, robandome mi esposa durante mi ausencia, y dando muerte y cautivando a los subditiïis y parientes de tan esclarecida princesa.
Ella me respondio : N; Ah Señor de los Reyes! Ciertamente tienes razon, los ¿’irabes te deben gratitud, y mi mis- mo padre se halla arrepentido de su conducta. Aparte de esto, yo estoy dispuesta a reparar el daño, galardonán- dote y reuniendote con tu esposa Sade, mas pongo a ello una condicion.
——¿Que exigisïh-me apresure a pregunta * a la infanta.
—-—Que obtenga jiarte en tu corazon, al objeto de que sea tambien tu esposa y tú mi marido.
Prometíselo en el acto y continuamos pasando las horas comiendo y bebiendo a nuestro placer, como si aquella noche se hubilera (rentado por nuestrzt. Apenas parecia mediada, oímos mucho ruido de personas y a una que decia: “Viene el rey a visitar a su hija.
Al escuchar esto, dijo la princesa:——-l\lio Cid, ve con Salome a su tienda hasta ver lo que pretende mi padre.
Salí con la doncella, que me asió de la mano, y a poco vi a Alchamuh montado en un corcel negro, seguido de dos jinetes, los cuales citando estuvieron cerca del pabellon, se quedaron algo detras, mientras Alchamuh se apeaba y entraba a ver a su hija.
Despues de saludarse ambos con cariñosos zalemas y hablar un instante de cosas indiferentes, dijo la infanta: --¡Ay padre mio! Lo que has hecho, es sobre manera vergonzoso.
Respondióc-«Iliyja mia de mi alma, ¿que he hecho yo?
—-Lo que has hecho y es sabido ya entre los árabes, sus cabilas y sus reyes, es que, a un hombre que te defendió de los golpes de lanza, ante los ¡’irabes reunidos, en galardon de ello le has cautivado su esposa, dando muerte a las gentes que tenía y aprisionando a los deudos y al padre de aquella princesa. Mira si este es bien ‘vergonzoso.
Replicóle Alcha1nuh:—¡Ay hija mía! El amor de tan hermosa jóven ha subyugado mi animo, y el primer de su belleza y perfecciones han rendido mi entendimiento; pero ya esta hecho. Ahora voy a envizirtela, para que pro- cures ganar su estimacion, y puesto que mi felicidad consiste en pensar en el.la., la inclines a casarse conmigo, que es el blanco de mis deseos; asegurandola que su dote serán doce mil doblas de oro, que la devolverá además todos los bienes que pertenecieron á su padre y reedificare el palacio arruinado. Probemos si de esta manera pue- de ÏOgFaTSG que Seacontenta de que yo sea sn esposo, pues, si viniere en ello, celebrare con ella bodas, para ver si puedo tener de esa princesa un hijo que sea esforzado y señoree las Cabilíïs de 10s árabes.
Prometió la infanta obrar en todo como se le preventa, despues de lo cual salió el rey del pabellon; pero no bien
habia andado algunos pasos comenzó a hablar un pajaro en un arbol.
Dijole uno de sus alguaciles Inayoresr-¿j Sabeis, oh amir, lo que dice ese ¿Ve?
"fl-¿QL-¡(SJ dice ‘P-«pregiuitó el rey. u
«Dice que un calaallero jóven, ha salido de estar con la Iiija del rey y ha entrado en las tiendas.
Ciertamente, aquel alguacil era muy entendido en el arte de interpretar el gorjeo de las aves, como quien habia’
leido los libros de los filósofos y hecho estudios profundos sobre la ciencia fisiognómica.
Cuando oyó el rey tales palabras montó en cólera violentísima, su cuerpo pareció crisparse y comenzó a excla- mar de esta suerte:-¡Ay, ay! ¿Quien lo hubiese creido?
Despues, volviéndose a. la tienda de su hija, gritó con gran fuerza:«Rafidato-l-chamel’, Bafidato-l-chamel. wgfllue mandais, padre mio ?—-«respo.ndic’» ella.
»«¿Por ventura, ‘tienes enamorado entre los caballeros zirabes‘?
—«No, Miïihiy‘, y Dios me libre.
En tanto Salome, que habia oido la conversacion del monarca, me asio de la mano y me llevó á. otra tienda.
HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIBu-GÓDICE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 13
Estaba de vuelta en la suya y acostada en su lecho, cuando vino el rey con la mano puesta en el arriaz de la espada y acercándose a la tienda de Salome entró en ella, donde encontró á la jóven dormida. Llamóla a voces el prín- cipe, y habiéndole pedido órdenes la doncella, le jireguntó el si habia alguna otra persona en el cuarto, a lo cual respondió la jóven que sólo tenia en su compañía una criada.
Entonces miró el rey y vió efectivamente a la criada, dormida ú los pies del lecho; despues buscó a derecha e izquierda en la tienda y detras de ella y no vió a. nadie, con lo cual salio indignado contra su alguacil, a quien cortó la cabeza con el acero que ceñía.
En seguida dijo a su hijaz-Vé: ahora al alcazar. Por mi parte te cedo los cautivos que estan‘ con Sade; por la tuya consagrate a persuadirla y a hacer que me pueda casar con ella, segun te he hablado y tengo concertado contigo.
——-Enhorabuena, padremio,——dij'o la infanta. Luego que se fue el rey a proseguir su camino, me envió llamar Rafidato-l-chamel por medio de sus «loncellas,
y designandome por mi immbre.cuando estuve delante, me dijoz-Jeyyad, en marcha.
Busque inmediatamente mi caballo y despues de montar en (el, caminamos como cinco millas al fin de las cuales ví un alcázar mas blanco que lapaloma y cuyas altas paredes daban mas sombra que las nubes, edificado, en su mayor parte, de yeso, canto y madera labrada. Concurrian además en su construccion, piedras de sillería, cristales concavos y marmoles poco comunes; rodeabanle huertos con variedad de árboles y en lo mas alto del alca- zar descollaban tres cúpulas ó torres de riqnísima madera de sandalo, donde tocaban laudes y cítaras algunas don- cellas, ornadas por Dios con la hermosura de la gracia y de la alegría. El muro del palacio tenía de elevacion cien veces la altura de un hombre, su ruedo ó contorno sería de ochenta mil brazas.
Al llegar a el, salieron a recibimos las doncellas con gritos y albolbolas de regocijo y con sus laudes en las manos. Descansamos la princesa y yo en un estrado de lujosa fabrica, cubierto el suelo con mullidas esteras, con paños sobrepuestos de tailesan (l) y tapices de Haciran nuevos, de un tejido de brocado. Las sillas del aposento eran de marfil con taracea ó embutidos de oro. Mando inmediatamente la princesa que cubrieran el pavimento de toda la habitacion con rosas blancas, narciso, alfade, azuzena, array/an, violetas, manzanillas, jazmines, axerian, conchas de Venus de colores, hojas escogidas de la palma y nenúfares, colocados en macetas de vidrio de esmalte y de cristal, y regado todo con una lluvia de fragante almizcle y de agua de gualda. Despues hizo venir treinta doncellas atavia- das con vestidos magníficos, las cuales se pusieron a nuestro alrededor y comenzamos a pasar una noche de solaz deliciosísima.
Sólo habia pasado un tercio de ella cuando ví salir a la infanta, quien despues de un rato que estuvo ‘ausente, volvió a entrar y me dijow-Nlio Cid, tu Sade esta cerca, pero se halla encadenada y cargada de hierros. En mi opi- nion sería lo mejor para ti que subieses en ese lecho, te echaremos encima el mosquitero de modo que te cubra y la traeremos a tu presencia en el mismo sitio donde te hallas. Yo la movere conversacion acerca de mi padre y si accediese a casarse con el, que no vean sus ojos el cielo del mundo; pero si oyes que se acuerda de ti y se muestra ingrata con acjuel por causa tuya, llorando tu ausencia por el amor que te tiene, la libertaremos al plllltll juntamente con toda su familia.
_Levanteme del sitio donde estaba y me subí en el lecho, donde me cubrieron con el velo de la sobrecolcha, a la sazon en que sentía encenderse mis entrañas con fuego terrible.
Entró a poco Sade, quien, desde que comenzó a hablarle la infanta, lloró abundantemente. Rafidato-l-chamel, le dijoz-«Albricias, princesa, pongo en tu conocimiento que voy a ponerte en libertad, asi como a tu familia, pues ha resuelto casarse contigo mi padre, quien te ofrece en dote doce mil doblas; comprometiéndose a reedificar el alcazar de tu padre y devolverá. los de tu familia cuanto se les ha quitado; por manera, que tu habras de ser su esposa y el tu marido. .
Dijo, y habiéndose cubierto la princesa el rostro con las manos durante un momento, exclamó: ——¡Ay! ¡Ay! ¿Que me sucede‘? ¿Despues de tener por prometido al Señor de los reyes y al Rey delos heroes, he de casarme con
tu padre‘? Por la venlad que reconozco en la religion de Mahoma (bendígale Dios y le conceda su paz) aseguro que
(1) Tela. ¡isadai en los mantos verdes de los príncipes.