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aunque sólo tuviese una mano y esta encadenada con hierros de un palmo, sería capaz de introducir en este pala- cio la guerra, despues de haberotorgado la gracia y el perdon; pero no desconfio ni desespero, Rafida, de que Zeyyad-ben-Amir sea sabedor de todo y llegue descubrir esta infamia.

Respondióle Rafidato-l-chamel:«Haces bien, Sade, y a fe mía tu cumples con la lealtad, (lei amor. Ahora deseo dirigirte una pregunta. ¿Quisieras pasar la noche en su compartía?

Gontestó la princesa:—¡Ay, quien lo pusiera d.elante!

Al oir este razonamiento mi regocijo no tuvo limites. Despues la hizo señal Ratfida de que se acercase al lecho donde yo estaba, y fuera de si llego ¿i el corriendo, regalando mi oido con el acento de sus palabras, que me decían con ternura:

—-Bien venido seas, Senor de los reyes. y

Me incorpore para recibirla en mis brazos y la bese en la frente, ella me devolvió esta caricia llena de regocijo, derramando lágrimas al verme, y exclamó conmovidazwuïlabado sea DÍOS, que nos ha reunido despues de sepa- rarnos en el mundo!

Habiendome levantado despues, le quite las cadenas, como asimismo a su padre y deudos, a quienes mandó Rafi- dato-l-chamel que se les sirviera comida y bebida.

Cuando vió Sade todo este me interrogo en estos términos:——¿ Por ventura, Cidí, te ha secundado en la empresa la infanta que esta presente?

—-Ya lo ves. ¿ Que pretendes ahora? -

“Que Rafida sea mi compañera; mi hermana y mi amiga.

Respondílaz-Jista bien; y al oirlo Rafidato-l-chamel «no un grito de regocijo. Despues salio del aposento donde nos hallabamos, y habiendo permanecido ausente como una hora, die la vuelta y entró en la habitacion, trayendo sobre sus espaldas el cuerpo de una persona, que depositó en tierra, delante de nosotros. Acerqueme a reconocerle el rostro y no "tarde en advertir que aquel cuerpo era el de un hombre.

Entonces dijo la infanta:——Muley, este es mi padre Alchamtih; he ido adonde se hallaba y, despues de haberle embriagado con benjuí, lo traigo a tu presencia.

Preguntele (zomo le habia dado el benjui, y lo refirió de esta manera:—Dirigíme adonde se hallaba, y le dije: Al- bricias, padrecito; Sade consiente en casarse contigo. Respondióme a esta nueva: bien te has portado, hijita mia, ahora conviene me des de beber algun vino, para que mi alegría Y l“ 980011.0 S631’! COmPÏÜtOS- presenté“? una COPH de vino, donde habia puesto benjui por medio de Lina, cuentecilla que habia permanecido en la disolucion de esta sustancia durante treinta noches, y en cuanto se durmió le tome en hombros para traertele. Ahora, sile perdo- nas, la honra sera tuya, y si le castigares, sera con arreglo a lo que ha mefeeídü-

Yo la dije:—Si de merecímientos se trata, ¿que otra eompensacion ni justicia aquí cabe, sino el recompensar una persona como yo lo que te debe por tu comportamiento conmigo‘?

——Entónces, repuso la infanta, Muley, iruégotze por Dios altísimo que me ates al lado de mi padre, al propósito de que cuando despierte del benjuí crea que yo he sido cautivada al propio tiempo que el.

Accediendo a la súplica, mande atarla segun pedia, despues de lo cual fueron trasladados hija y padre al apo- sento, de donde Alchamuh fuera traido.

Entonces la infanta mando a una doncella que estaba a sus ordenes que trajese una pluma, la cual, introducida en la boca de su padre, facilitase el que con la mano se le sacara el benjui. _

Al despertar el rey comenzó a decir a gritos:——Rafida,, ¿que estado es «Este en que nos hallamos?

Respondióle ella.—Ni se, ni podria explicar lo que nos ha ocurrido.

En esto me acerque a su cabecera espada en mano, y le dije:

__¿Ves; ‘traidor, cómo te he aprisionatlo en tu mismo palacio, y hasta dónde llega mi audaiziazi causa de la tuya?

Cuando reflexionó sobre lo que le pasaba, dijo:——¡Ay, Zeyyad, no puede levantar a ti los ojos, porcjue tu procediste bien conmigo, y yo he obrade respecto de ti de una manera indigna!

Por mi parte le hable de esta suerte:——Alclia1nuh, ¿quieres que te perdone y te quite las ligaduras?

Respondió el.—¡Alabado sea Dios! No he conocido entre los hijos de los reyes ninguno mas generoso y esfor- zado que tu; por lo cual, la hija que tengo quiero desposarla contigo, para que siendo tu criada, te sirva de esposa

y tu seas su marido.

HISTORIA DE ZEYYAD BEN ANllRr-CODICE ARÁBIGO DEL ESGORIAL. u :1?)

Dij o, y acepte’ la oferta, mandando al punto a Sade que se sirviera desatar las ligaduras de la infanta, mientras yo lo hacía con Alchamuh; despues de l.e cual, pasamos el resto de la noche con solaz v alegria, siendo completo

u

nuestro regocijo y contentamiento.

CAPÍTULO VI.

DE CÓMO FUÉ PROCIABIADO ZEYYAD MONARCA SOBERANO DE LOS BENU-HILEL, CAMPO QUE MANTIENE CON UN CABALLERO

Á LA PRESENCIA DE LA TRIBU Y PEREGRINA AVENTURA DEL PRÍNCIPE CON UN LEON FURIOSO.

Al amanecer salió Alchamuh jiara donde estaban sus cabilas, y jiresentsindose a ellas modestamente, dijot- Se- ñores, venid y proclamareis al rey.

Preguntaron los ¿’irabesz-¿Que rey tenemos sino tu‘?

contestó el:——Mi señor y vuestro señor, mi dueño y vuestro dueno es Zeyyad-ben-Amir el de Quinena (l).

Apartóse de cada una de ellas un jeque ó anciano, y dirigiéndose adonde yo estaba, entraron todos a mi pre- sencia, seguidos del sultan Alchamuh.

Cuando los vió Sade, como no advirtiese otro aparato de corte, su admiracion no tuvo termino. Con todo, des- pues tocaron atabales, se tremolaron banderas en mi honor y se mataron carneros cebados, que fueron condimen- tados con esmero. Continuo en esta forma la celebracion de la fiesta durante un mes. Pasado este tiempo, incli- nóse hítcia mi la princesa Sade, y me habla?) de tal suerte.

———Muley, tengo que pedirte una gracia.

Preguntéle:——¿ Qué deseas de mi, alma mia y luz de mis (ijos?

COHÉGSÉ(Ï)I«—-QL1ÍSÍBI‘€L que efectuaras tu casamiento con Rafidato-l-chanïel.

Á tan extraña peticion respondí sin titubear:——Enh01‘abuena; otorgado le tienes.

En consecuencia, mande convocar a los señores arabes y a sus príncipes, y encargue a Alchamuh que hiciese venir sus jueces. Cuando estuvieron presentes todos, pedí a Alchamith su hija en matrimonio, y habiéndomela otorgado, me desposé con ella. Al efecto habia hecho labrar de antemano, con destino al adorno de su persona, ajorcas costosísimas.

Dispuse, ademas, que permítneeieran las gentes comiendo y bebiendo a su jilacei‘ y a mis expensas, (lurante siete dias.

Cuando llegó el último, mandé preparar el viaje. Aderezóse la infanta, a. quien Jiicr» poner hermosas tiïinicas y brazaletes. Por lo que toca al alino de mi persona, cení la espada, me puse el xreli) o lítsanl, y echzïiuloiue una sobrevesta que me cubría todo el cuerpo, me dispuse para la partida.

Monte despues a caballo, y cabalgaron asimismo, con objeto de acompañarme, los mejores del pueblo, en nu-

mem de más de seis ¡n51 ‘jinetes ¿tavïajjog con lolvjgas magnificas y espadas tajadoras y resplandecientes, hechas de

A acero del J orasan.

Cuando iban a dejarme, para que [)1'OSlgl,llel‘a solo mi camino, puseme delante de ellos y les dije en voz alta: «Oh, vosotros todos los arabes que me escuchais, quien me conoce sabe quién soy. En cuanto al que no me cono- ciere, voy a decirle mi nombre. Me llamo Zeyyad-laen-Amir, el de Quinena. Si alguno ha puesto su pensamiento en la esjïiosa que acabo de recibir, Rafidato-l-chrtntiel, hija de Alcihamuh-ben-Guail-Assalimi, quiero disputzirselzt en batalla.»

«Que te haga feliz, señor, dijeron los arabes.

Acerqtieme en seguida zi ella, asiéndola de la mano por el brazalete, cuando oi un grito terrible. Volvíme hacia el sitio de donde provenía, y a un caballero que, habiendo salido de las filas, me dijo: ¿ DÓHClB quieiñes mantener

campo conmigo? Despues te llevaras la jpirincesa.

(1) Hay rotura en el manuscrito en dos renglones, cuyas reliquias están cubiertas con tiras de papel, si través del cual parecen leerse las frases trascritas.