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‘l 6 EDAD MEDlA.——PALEOGRAFlA LITERARLX.
Grande fue mi cólera al escuchar estas palabras. Lance inmediatamente contra el espantoso grito de guerra, y comenzaron entre nosotros terribles cargas y acometidas. En aquel trance, era de ver el simular golpes y el mos- trar briosa destreza en pararlos, como si fuese en una liesta.
Permaneeimos estribo contra estribo hasta la noche.
Entónces nos separamos sin herida alguna; la princesa fue a descansar en el alcazar, y el caballero desapareció entre los suyos. Citando amaneció Dios con manana deleitosísima, despues que el almuedano hubo llamado a las preces de salutacion, y a la sazon en que el Sol se habia elevado sobre el horizonte, fuí adonde estaba mi eorcel, le apareje las bridas , y ensilltíndole, monte sobre el, acomodandome en su flanco posterior. Luego salí al sitio donde estaban los caballeros de la tribu, y juntos nos dirigimos a buscar a. mi contrario en el lugar del palenque.
Llegó a poco el caballero, y habiendome saludado a voces, deseandome larga vida, le conteste con la formular acostumbrada de «Salud y prosperidad. >>
En el mismo momento me dijo: «Esto ha de durar entre nosotros hasta que puedan dar lecciones las espadas á los que las einen, los caballos a los que los montan, las lanzas a los que acostumbran a blandirlas, y la tierra a los hombres que en ella moran.»
Despues, dando su grito de guerra, y dirigiendole yo el mio, comenzó entre IWIOSOÍPOS HUGWI P8163, 031332 de hacer salir canas al jóven con la violencia de su esfuerzo y de ftmdii‘ el hierro con el fuego de su ardor, continuan- dola todo el dia hasta la noche, en que nos separamos ambos inccilumes; y así pasamos, ¡oh miramamolin! pe- leando (lurelnte veinte dias, sin que ninguno lograse ventaja. Entonces se levante Sade, y me dijo:
——Muley, ¿quicïres que pelee con el como tu combates?
Yo le dije:
—No se mezcle tu persona en semejante asunto.
Al amanecer del dia siguiente monte en un caballo distinto del que me habia servido en los combates anteriores, y salí al palenque. No bien habia llegado al medio, cuando llegó el. caballero y se puso delante de mí. Lance mi grito de guerra y arremeti contra el, trabandose entonces un combate en que pareció avientajarme algun tanto, hasta que, llegado el medio dia, emplee contra el un modo de ataque nuevo. Al observar mi disposicion echó á huir, y yo le seguí todo el dia, mas cuando vino la noche, Llesaparecir) entre collados y selvas.
Reflexionando entonces sobre mi situacion, quise volver adonde estaban los mios; pero no sabía hacia tiende. dirigirme, por ignorar el lugar donde me hallaba.
Por tiltimo, dije entre míz-Pasarc’: aquí la noche aguardando a la manana si Dios quiere, y despues dare la vuelta adonde los mios se encuentran. Con esta resolucion fuí a eolocarme bajo la copa de un ¿trbol frondoso, eche pie a tierra y trabe los pies a mi caballo. Sentado me hallaba absorto e imaginativo, cuando llegó mis oidos un ruido atronador.
- Púseme en pie, y mire hacia el sitio de donde partía y, ví emboscado un leon terrible, cuyo‘ rugido aseme- jaba el estruendo de los atabales y que producía un estrepito terrible con los movimientos de su cuerpo (l). Parecía de incomparable fuerza, tenía melena crecida, musculos y articulaciones dehierro, la boca como una sima, los dientes afilados, la cola extendida y larga. Cualquiera quehahiendoh) Oído le hïlbíeïïl VÏSÉO en “lema” de i100- meter hubiera temblado, y si le hubiera tenido cerca de s1’ hubiera perdido el seso, aunque fuese hombre capaz de vencer al caballo en la carrera, de dirigir diestramente relumbrante espada contra el cuello del enemigo, y de rechazar a los paladines, defendiendose sin descanso.
Era el leon de anchas narices y de terribles brazos y garras, levantabase sobre las patas delanteras y arrojaba el polvo a la espalda como el toro, golpeandose con la cola el jaecho. Tenía los ojos torvos, los cuales se volvían a to- das partes atrevidos (2), con el brillo del relámpago y su rugido dejaba fuera de si como el rayo (1110 hiere al Iiombre.
Apenas vió mi caballo _preparó la acometida inclimiiidose‘, «lespues se lanzo sobre el, e hiriendoleeon sus unas, le desgarró el vientre y le sacó las entrañas.
Al ver aquello le acometí con terrible ímpetu, logrando herirle con mi espada y cortarle los brazuelos, con lo
(1) Prosa rímadaen el texto. (2) Sentido probable aunque poco explícito.
HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIR-CÓDICE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 17
cual cayó tendido en el suelo y le degolle como si fuera una oveja. Tras esto, saque leños de arder que llevaba conmigo y, encendiendo fuego, ase parte de su carne que comí despues, y pase toda la noche velando por la segu- ridad de mi persona.
CAPÍTULO VIIl
LLEGA ZEYYAD Á LA TIENDA DE LA VIUDA DE SAD BEN MALIG, REFIÉRESE UN EJEMPLO NOTABLE DE AMOR CONYUGAL
Y LA MANERA GON QUE FUERON PROPORGIONAIIS AL PRÍNCIPE NUEVAS ARMAS Y CABALLO_
Cuando amaneció Dios la mañana siguiente que fue muy hermosa, me puse en pie y comence a caminar tierra adelante sin saber de dónde venia, ni adónde iba. Dije entre miz-¡Dios mio, guía mis pasos, oh el Inejor de los que guían! e _
Despues viaje por el desierto todo el dia, sin encontrar a nadie y sin comer ui beber hasta la noche. Al amane- cer el siguiente, camine del mismo modo y asimismo lo Verifique el dia tercero y cuarto. En éste, se ofrecieron delante de mi una colina elevada y montes encumbrados y altísimos. Tendiendo desde aquella la vista, divise un valle adonde me dirigí y despues de haberle atravesado, me halle delante de una tienda de acicafe rojo. A la puerta ví un caballo trabado, una lanza blanca en el suelo y una espada colgada.
Entónces comence a dar voces gritando de esta suertet-¡Ah de los que habitais la tienda puesta jen este sitio! ¿Dareis por ventura hospitalidad a un transeunte extraviado y le concedereís a ao de Qgfnep y beber? si esto hicie- reis adquirireís fama por vuestra bondad y seréis señalados por vuestro proceder generoso.
Ciertamente no habia terminado mi discurso, cuando se alzaron los eordeles que sujetabail las cortinas de la tienda y salió a recibirme una dama, hermosa como la luna, en la noche durante la epoca de su plenitud, y me dijoz-Entrad, caballero áirabe. ¡Así sea feliz quien te guie, parezca tu enemigo y se debilite quien tenga sobre ti imperio!
Entre, pues, en la tienda, donde me fueron presentadas comida y bebida y comence a comer y beber. Despues, como volviese la vista hacia mi derecha y reparase en un jóven dormido sobre un lecho, dije a la damaz-señora, despertad a ese honrado caballero, para que pueda comer en su compania.
Entonces ví las lagrimas que caían de sus ojos a lo largo de sus mejillas, semejando hilos de perlas. separados de un collar, y oí que con voz contristada me dÍjOI-Hermano arabe, si estuviese dormido no sería esta tu hospitalidad.
Aparte en aquel momento mi mano de lo que estaba comiendo, y dije;
—Pardiez, que no comere hasta que me cuentes tu historia.
Entónces comenzó ella su relacion en estos terminos:
——Has de saber, hermano arabe, que el que ahí miras es un primo mio, caballero que no tuvo su par. Amábame por extremo; pero celoso de mi, hizo que habitasemos en este valle, para que nadie me viera, y se apartó del trato de las gentes. Llamabase Sad-ben-Malic; pero habiendovivido aqui juntos durante algunos años, le ha aeometido una dolencia que le ha causado la muerte, despues de lo cual he enviado a mis padres un paje, que vivía con nosotros, al propósito de informarles de lo sucedido y espero que vengan en breve. Esta es la historia de mi vida. Ahora serás servido de decirme (asi Dios guarde tu vida), quien seas, Ó por quien eres conocido entre los eirabes.
Dijelaz-Me llamo Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena.
Apenas pronuncie mi nombre, repuso la damas-Tu eres el esposo de Sade, hija de Tariq. Desearia que me re. firieras la causa que te ha movido a viajar por estos sitios. '
Acto continuo, narre lo que me habia sucedido con el caballero que habia mantenido campo conmigo, durante veinte dias, como se me habia escapado de entre las manos, y la manera con que despues de haberle seguido, se comió el leon mi caballo y llegue luego al lugar donde me encontraba. Al escuchar mi relato comenzó a llorar, y dijo:
——Guala., no tengo otro caballo que ese, te le regalo como asimismo esa loriga y demas arreos militares que estas viendo, los cuales quiero que te pertenezcan.
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