18 EDAD lN/IEDIA.—PALEOGRAFÍA LITERARIA.
Acepte el presente con sumo reconocimiento, y, despues de significarle que deseaba le fuese remunerado con creces, añadí:——Ruego por Dios todopoderoso que descubras el rostro de ese caballero, para que lo mire.
——Esta bien,—-respondió la dama. Luego, levantandose, y yo con ella, apartó el paño que cubría el rostro del muerto, con lo cual pude admirar la hermosura de su semblante, que no parecía sino que estaba vivo.
Citando le vió la dama, se precipitó sobre su cuerpo y dijo:-—¡Ay, señor mio, heme aquí llena de tristeza!
Despues, dió un grito muy grande y habiendole estrechado contra su pecho, callo.
Instela para que se separase, pero guardaba silencio. La moví y eche de ver que se ‘hallaba muerta, sin que se advirtiese en ella rastro de agonía.
Entonces dije para míz-No ha querido Dios que tuviese amores con esta dama‘.
Salí de la tienda y no tarde en percibir una nube de polvo, divisando en medio de ella tres lanzas, que servían de astas á sendas banderas con pardos y leones rojos, llevadas por un anciano y dos como pajes, que cabalgaban delante de el. Citando me vieron estos delante de la tienda, se precipitaron sobre mi y me dijeron:——Habla, ó sino te daremos muerte con nuestras espadas turcas.
Gonteles lo que me habia sucedido con la dama y cómo habia caido muerta, y no les quedó duda de mi veraci- dad. El anciano, despues de llorar copiosamente, me dij'o:—-Era mi hija querida, los que aquí Ves son sus herma- nos; su esposo era hijo de un hermano mio.
Á poco entraron en la tienda y recogiendo los cuerpos del caballero y de la dama, les dieron sepultura. Luego tomaron los objetos que había en la tienda, y me dijeronw-Puedeslvenirte con nosotros, ó seguir tu camino ade- lante-Les n1anifeste mi resolucion de continuar mi viaje, significandoles que jel caballo y los arreos militares me habian sido regulados por la dama. Ofrecieronnïelos de nuevo, confirmandome el presente que la dama me habia
hecho, con lo cual se despidieron de mi y se fueron para su tierra.
CAPÍTULO VIII.
AVENTURA DE ZEYYAD CON LA NEGRA ESMERALDA. ENCUENTRO DEL PRÍNCIPE CON TRES CABALLEROS Á LA ORILLA
DEjUN LAGO ENGANTADO, EN LAS INMEDIACIONES DEL ALCÁZAR DE AL-LAUALIB.
Cuando quede solo, vestí la ‘Ioriga, me puse el litsam ó velo y monte a caballo. Luego me subí a una altura para tender la vista por el valle, sin que por esto conociera hacia donde debia dirigirme. (lamine todo aquel dia hasta la noche y lo mismo un segundo dia un tercero, hasta el cuarto. En este, encontre un rebaño numerosísimo y acercandome adonde pastaba, ví a una esclava negra que cuidaba de el, con una porra de hierro en la mano. ’
Saludela, y despues de responder con el zalam, me dijo afablementezf-Bien venido seas y apeate, pues eres hoy mi huésped.
Eche pie a tierra junto adonde ella estaba, y ella tomando un cantare, que tenía al lado, se puso a ordenar leche, que me ofreció para aplacar la sed. Despues se sentó a mi lado y me confió el secreto de su historia, hablando conmigo hasta que fue hora de que se recogiera el ganado.
Entónces me dijoz-Monta en tu caballo, Gidí.
Monte a caballo y caminamos juntos algun tiempo. Dirigieronse los ganados, que iban delante de ella, a un monte alto, por el cual subimos hasta llegar al medio de el, donde habia una gruta con una puerta de hierro. Des- corrió la negra. el candado y abriendola del todo entramos por ella y despues entró mi caballo. Luego tomó la esclava un carnero y, habiendolo degollado, preparó comida para los dos, sin que intentara rehusarlo por mi parte-
vGuando amaneció me dijo:—Puedes quedarte aquí conmigo ó partir, segun" mejor te agrade.
Respondíle: —Mi Voluntad es partir para mi patria y tierra.
Sin replicarme palabra, se puso otra vez a preparar comida a la cual hice asimismo los honores, y habiendome ofrecido provisiones para el caballo, parti.
Ella caminó conmigo, acompañándome durante dos dias, y cuando intentó volverse la dije:——Ahora _me dirás tu nombre ¡así Dios te otorgue misericordia!
HISTORIA DE ZEYYAD AMIR-CÓDIGE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 19
Gontestóme ella:—Lla1nome Zabargeda (Esmeralda), hija de Saasan, señora de coronas. Ahora quiero saber quien eres tú ¡asi Dios prolongue tu vidal
Díjelaz-Soy Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena.
Tras esto besó mi estribo y se fue.
Camine aquel dia y el siguiente. Al tercero me halle cerca de una tienda donde habia tres paladines, los cuales desde que me vieron, se levantaron para invitarme á que descansase con ellos, y despues de hacerme bajar de mi caballo, me pusieron delante manjares con que saciar mi apetito.
Cuando lo hube hecho me hablaron de esta suerte:
—¿Quien eres? ¡Así Dios prolongue tu vida!
Respondíz-Soy un caminante extraviado. Se me han perdido unas camellas y he salido en su busca. Dispen- sadme que a mi vez os pregunte quienes sois vosotros. ¡Así Dios prolongue vuestras vidas y os colrne de bendiciones!
Entónces dijo uno de ellos:——Yo soy Assima-ben-Gueilan, señor del lugar de las Antorchas de oro y de la Corona de oro mazizo. Tengo una prima, por cuyo amor he disipado tesoros,- la cual, habiendo salido un dia de mi palacio acompañada de sus criadas, ha desaparecido de mi vista con las doncellas de su sequito. Durante un año la he estado buscando por todas partes, hasta que me han informado que se encuentra en este reino, propiedad del príncipe Sera-l—jil (l), ben-Oneb señor del alcazar de Al-laualib y de la albufera de las maravillas (2). Este segundo caba- llero——-continuó,— es Hilel-ben-Amir, señor del Monte lkmarillo y de los Alcázares de blármol, a quien tambien le han quitado otra prima suya, y el tercero es blalic-ben-Sinan, señor del Rio de las bebidas fortificantes (3), a quien le han arrebatado una hija.
Preguntelez-¿Dónde esta el ELlCÍIZELI“ de Al-latialib?
Díjome:——-Levantate y lo verás.
Levanteme y me fuí con el hasta la orilla de un estanque lleno de agua. Al llegar a aquel sitio me dijo.
——Aquí tienes el alcazar, que esta dentro del agua.
Preguntele z-¿Y cómo se sale de este sitio?
Respondiómez-¿Guando el sol se levanta sobre el horizonte, comienza a subir el alcazar desde el fondo de las aguas, hasta ponerse al nivel de la superficie de la tierra, y por un puente vasto que tiene, salen los caballos al for- raje, y las vacas y rebaños de ovejas a sus pastos. Á la caida de la tarde, cuando el sol se inclina hacia el poniente, vuelven los rebaños, las vacas y los caballos, y tornan á. sumergirse en el agua, esto es, {rentrar en Al-laualib, some- tiendose a sus movimientos. h
Pase con ellos la noche, hasta el amanecer. Cuando fue el alba dije:—-Guala: Yo he de ver cómo sale ese alca- zar del agita.
Me adelante a los bordes del estanque, para tener ocasion de verlo todo y admirarlo; y con efecto, observe que el alcazar comenzaba a asomar sus almenas por encima del agua, y a medida que se levantaba el sol sobre el hori-
zonte, adelantaba en su ascenso, hasta que quedó toda su altura sobre el nivel de la tierra, y ví un puente grandí-
simo, que establecía un pavimento sólido desde la puerta del alcazai‘ hasta la tierra de las orillas.
CAPÍTULO IX.
DESCRÍBENSE LOS COMBATES ENTRE EL PALADIN QUE MORABA EN EL CASTILLO DE AL-LAUALIB Y LOS TRES CABALLEROS LLEGADOS
A MANTENER CAMPO (IONTRA EL POR EL RESCATE DE TRES PRINCESAS.
Al considerar tales prodigios, mi admiracion fue grande. Di algunos pasos atras, y me sente un poca-En breve,
sentí que se abria lapuerta del alcztzar, por donde comenzaron a salir rebaños de carneros y vacas con sus pastores.
(l) Caudillo de los caballeros. (2) SÍC, 51%“ en este pasaje. (33 Vino ó café.