90 EDAD MEDIA-PALEOGBAFÍA LITERARIA.
Mirandolos estabamos, cuando apareció a nuestra vista un jinete, que tambien habia salido del alcazar. Vestia loriga de hierro con espada ceñida, llevando, ademas, colocadas a los lados exteriores de las piernas dos lanzas relucentísimas. Montaba un caballo de raza pio con fondo alazano, de tres a cinco años de edad, el cual tenia en la frente, en lugar donde el pelo estabavpoco espeso, una mancha blanca tan brillante, que parecia competir con el cerco de la luna (l). Donde colocaba la planta se hubiera roto la piedra y quebrantado el hormigon. Su trote seme- jaba el avanzar del torrente; su carrera era el vuelo del aire. Erguíanse sus orejas como plumas; relucian sus cascos como adirhames de plata, y su cola oscilaba como elegante mosquero. Dócil como una toalla, al compás que resonaban los cascos, se precipitaba su cuerpo, llenando de admiracion al que lo contemplaba, y dejando embele- sado el animo. Con el debia tener parecido aquel por el cual dijo el poeta:
De los corceles, que a su lado encuentra, Pasa delante, como el raudo viento; Ni en la llanura libre de sus trabas Vió caballos jamas, sin precederlos; Vastago de las yeguas más ilustres,
Él mejoró su raza en sus hijuelos.
Habiendo pasado el puente, cabalgó el jinete hasta llegar adonde nos hallábamos. Allí nos dió el zalam en voz muy alta, respondiendole nosotros con la fórmula acostumbrada de desearle larga vida y reconocer su calidad generosa.
Despues dijoz-Veo entre vosotros a un caballero mas, a quien no conozco. Y dirigiéndose en seguida a mí, me interrogó en estos terminosz-Deseo saber tu nombre quien eres. Me limite a responder:—Soy un caminante ex- traviado. Tenía unas camellas que se me han perdido, y viniendo en su busca, llegue ayer tarde a este sitio, donde he hallado estos tres altos caballeros, los cuales me convidaron a descansar, ofreciendome hospitalidad en su tienda. Tal es, señor, toda mi historia.
Pareció airado contra mi por mi respuesta; mas despues dijo:
-¿ Cuantas son las camellas perdidas?
Respondíz-Veinte.
Repuso entóncesz-Quedate, pues yo te ofrezco otras veinte, como regalo de hospitalidad por mi parte.
Díjele:—-¡Ah, señor, que Dios te colme de bendiciones!
Luego se dirigió a los tres paladines y les habló en estos terminos:
-Despachad en la prosecución de vuestra venganza.
En aquel punto ví a Sinan-ben-Malic vestir la cota de malla y echarse el litsam ala cara. Tras este, cubrióse el cuerpo de armadura, ciñóse armas ofensivas y montó en el corcel. Entonces dirigió un grito al caballero del cas- tillo, el cual le respondió con otro, y comenzó entre ambos el ataque y acometida (2). Mostróse en tal momento la destreza en el pelear, apareciendo abandonados los metodos comunes. Acometieronse con lanzas hasta que se rom- pieron, y tiraron luego a herirse con las espadas hasta que se mellaron, y procuraron sujetarse mutuamente, aten- diendo a las manos y a la perturbación producida en los oidos. bliraronse recíprocamente a los ojos, se frotaron los estribos, y aunque se cansaron los brazos y comenzaron a sudarles las frentes, se acosaron, sin embargo, largo tiempo en el lugar de la pelea. _
Hallábanse en tal disposicion, y yo absorto los contemplaba admirando su manera de pelear y de dirigir golpes, cuando oí un grito terrible, como si fuese el trueno que rasga la nube ó viento fortísimo, y ví al dueño del alcazar que gritaba a Sinan-ben-Malic y daba vuelta a su alrededor, como gira la rueda del molino, para precipitarse luego sobre el, ó. como si fuese ave de alto vuelo que se lanza de las altas regiones de la atmósfera, y le arrojaba de la silla como pajaro arrebatado por las uñas del águila, hasta que, dando con el en tierra, le puso la espada acerada en el cuello. Hecho esto, se apeó de su caballo, le ató con ligaduras y cargó de cadenas.
(1) Prosa rimada. (2) Prosa rimada.
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HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIFL-CÓDIGE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 21
Al propio tiempo repare en un esclavo negro, con brazos de corpulentos hombros, semejante en lo feo a una noche oscura ó a un espíritu maligno olvidado. Gontnrbábase el ¿’mimo al contemplar una cabeza, que parecia per- derse en las nubes y unos pies, que parecian salir de la tierra. Cualquiera, acometido de repente por el, hubiera que- dado exánime, y si le hubiera visto pasar delante hubiera temblado. Su rostro inspiraba terror, el sonido de su voz apenaba el espíritu. Tenía ojos como centellas; narices como albogues; la garganta (larga y ahondada) como el Es- trecho gaditano; la cara como el cuero de un lzitigo; la cabeza semejante auna adarga; era, en fin, asmatico, chato, delgado, abultado de mollera, pudiendose colegir que no se hartaria por mucho que comiera, ni se satisfaria con abundante bebida, y que asimismo sería innaccesible al efecto de las lagrimas ni a compasion por dolor ajeno.
Desde que le ví dije para mis adentros: este debe ser esclavo de grande autoridad, segun son extraordinarias sus condiciones. l
El paladin, dirigiendole la palabra, le dijoz-Llevate este caballero y pónlo en el c/alabozo grande del aljibe seco. El esclavo tiró de el, y se lo llevó en seguida como si fuera un pequeñuelo. Al llevarlo, le golpeaba de vez en cuando, arrastrandole por el suelo y habiandole de esta suerte: Tu propósito carece de merito y nobleza, pues pre- tendes pelear sin facultades para ello, que ni tú sabes hacerlo, ni tu padre, que vivió antes que tú lo supo. Des- pues entró con el en el alcázar, donde desapareció.
Entónces dijo el paladinz-Este dia termina ya su carrera, y el sol está, para ponerse. Volvióse, por tanto, al alcázar y fueron viniendo sucesivamente las vacas, rebaños y camellos.
Mis compañeros dijeronz-A esta hora desaparece el alcázar dentro del agua.
Entónces les hable en estos terminoss-Quisiera que vinieseis conmigo a contemplar cómo se sumerge jel alca- zar en el agua.
Levantaronse y llegaron conmigo a una colina elevada. Allí nos sentamos y pude ver como descendia el alcázar en el estanque, segun desciende el sol en la esfera.
Al fin se nos ocultó, y ví que la albufera hervia, y parecía rebosar como rebosa el agua en una caldera. Luego dispusimos volver adonde estabamos, noysin llevar por mi jiarte henchido el ánimo de admiracion por lo que había Visto.
EDÍIHIDOS al fin en la tienda, en la cual nos presentaron alimento que no dejamos de aprovechar. Cuando se quitó la mesa, inclinandose hacia mí Assima-ben-Gueilan, tuvimos este dialogo:
—Mancebo, ¿quieres permanecer con nosotros?
-—Pienso permanecer hasta que me entregue los veinte camellos que me ha ofrecido.
Entónces re puso Assima:
—-Es un caballero generoso, que te entregará mas de eso.
Pasamos la noche, y al dia siguiente, ví levantarse el alcazar del fondo del lago en la forma acostmnbradat Cuando estuvo todo al nivel de la tierra, se abrió y salieron de el los rebaños y el jinete detrás de ellos.
Al verle, se levantó de su sitio Assima-ben-Gueilan, se puso la cota de malla, se echó el litsam al rostro, y se acomodó sobre su caballo. a
Preguntele:—¿ Que intentas, ó cual es tu pensamiento‘?
Respondiómez-Peleai‘ con el, si Dios quiere;
Cuando así hablabamosfllegó el jinete, que venía adonde nosotros estábamos, montado sobre un caballo de hermosa estampa, de los que sufren el calor y el frio y sohrellexran la humedad de la atnnósfera, corredor zi mara- villa, perteneciente a la clase de condicion de gacela (l).
Acercóse a nosotros y dijo:——-Vivais con salud, señores.
Respondimosle con la fórmula acostumbrada de prolongue Dios tú vida y te reconocemos generoso, despues de lo cual dirigiéndose hacia mi, habló de esta suerte.—-Hermano arabe, en lo presente me ocupa el pelear, pero aguarda a que sea entre mi y estos caballeros lo que ha de ser y te cumplire lo prometido. ‘s:
Despues añadió dirigiéndose a los dos guerreros. Ahora es tiempo de pelear entre vosotros y yo.
Adelantóse Assima, y gritandose recíprocamente, se acometieron el uno al otro con ímpetu violento. Gontinuarcni
( 1) Acarnerado?
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