2?? . ¡EDAD MEDlAn-PALEOGRAFÍA LITERARIA.

en la lucha hasta la aproximación de la hora del asr (l) en que lanzando el paladin contra su contendiente un grito extraordinario, le dió un bote de lanza del cual le derribó en tierra.

Luego gritóz-j Ahsmuchacho! y salió en seguida a servirle un esclavo alto como una palma y muy despierto, quien cargando con Assima en sus espaldas le condujo al alcazar. Despues que hubo entrado, lo hicieron detras de el los rebaños y el caballero, sumergiendose el palacio en la albufera.

Al amanecer el dia siguiente, se levantó el tercer caballero, vistióse la loriga, echóse el litsam y despues de cu- brir con armadura todo el cuerpo, se aprestó al combate. Cuando concluyó ‘estos preparativos me tuvo el siguiente razonamiento:

-—Jóven, hoy ha de darse entre el paladin y yo una batalla tan reñida que envejeciera a tanto esfuerzo nn hombre mozo, y se fundiria el hierro al calor de tan descomunales golpes, y esto no menos por lo que me toca personal- mente cuanto por parte de mi contrario.

Así me hablaba y nos hallabamos en esta conversacion, cuando elevandose sobre el agua el alczizar se abrió y salieron los ganados, detras de los cuales apareció el jaaladin. Venía montado sobre su corcel y despues de acer- carse y saludar como de costumbre, dirigió al caballero un grito terrible y iextraordinario. Lanzáronse al punto, cada cual contra su contendiente, y tuve ocasion de contemplar una pelea entre los dos, como no la vieron los primeros caballeros que brillaron por destreza antes de aquel dia. _

Fingióle el paladin estar a punto de recibir un golpe cualquiera, del cual comenzó a emprender la fuga, adonde le siguió el caballero hasta acercarse a el. Entonces se volvió de cara el falso fugitivo y le dirigió un golpe con el cuento de la lanza, del cual le derribó en tierra.

Llamó a otro esclavo, quien se presentó a su mandato semejante a una madera de saben, ó a un tronco de pal- mera quemado, y le dijow-Llevale al calabozo del. alcazar y estrecha la situacion de estos guerreros, mientras les dure la vida.

Inmediatamente despues se inclinó hacia y me dijo:

Recibe hoy esta tienda y los tres caballos de los vencidos, como jjresente de mi parte, que mañana, si Dios quiere, en cuanto sea de dia te entregare los veinte camellos. Dile gracias por todo con la fórmula de rogar a Dios que le remu- nerase, y el se retiró al alcazar. Pasada una hora llegaron tres doncellas que salieron del dicho edificio, trayendo una sobre la cabeza una mesa, otra repuesto de vino y la tercera una jofaina de ‘plata con un jarronde oro precioso y una toalla fina. Cuando estuvieron cerca de se prosternaron en mi presencia y se expresaron de esta suerte:

' «Nuestro señor ha dispuesto que te traigamos de su parte esta noche la adiafa, ú obsequio de hospitalidad que tienes delante. ’l‘ras esto pusieron allí los regalos y se retiraron.

Despuesque hubieron desaparecido y entrado en el alcazar, mande a los criados que acercasen los objetos en que consistía el regalo y les dijez-Comed conmigo. Rehusarou al principio, pero yo les rogue con instancia que

satisficiesen mis deseos.

CAPÍTULO X.

nn como RasUaLve ZEYYAÏ) ENTRAR EN coarnixrn i>on (JONSEGIJIR LA Linemxxo DE sus (AOMPAÑERÜS. BATALLA QUE SOSTIENE CON EL nunÑo DEL ALGÁZAR DE AL-LAUALIB Y ARRIESGADA EMPRESA QUE AGOÏWETE EN COMPAÑÍA DE UNA VIEJA

MANDADEHA DE LAS PRINCESAS GAUTIVAS.

Al amanecer el dia siguiente, dije entre míz-Despues de lo que ha pasado a mis compañeros con este paladin que los ha preso y cautivado, ¿puede permanecer de esta suerte? Gualáyque no he de quedar así despues de lo su- cedido, sino que lie de pelear con el nuevamente a ver si logro su libertad, u ocurre con ellos lo que ha de ocurrir. Levanteme prestamente, me puse la loriga, me coloque el litsam y vestidas las armas, me aüümodé sobre, 91

caballo Hecho esto abrióse la jauerta del alcazar v al paladin que salia. Dirigíme hacia el, hasta que estuvimos

(l) Caida de la tarde.

HISTORIA DE ZEYYAD BEN Anna-comen ARÁBIGO DEL ESCORIAL.

cerca el uno del otro. Entonces me dió a voces el zalam respondiendole yo con la iïirmula acostumbrada de desearle larga vida y reconocerle generoso.

Por su parte me habló de esta suerte:

—¿Por que te veo montado‘?——¿ No estoy libre de pelear eontigofixguarda, que te voy a dar los veinte camellos sin que te falte ninguno. '

Dijelez-No tengo necesidad de tus camellos, antes bien es mi voluntad que peleemos los dos ahora.

Al oirme prorrumpió en una carcajada, dejando caer la cabeza sobre el arzon de la silla, Despues dijo:

—No hagas tal.

Respondile.——No hay remedio, es menester que obre de esa suerte.

-——¿Con que intentas empresa semejante?

-—Sin duda.

Despues me dió un grito y comenzó entre ¿’unbos recio combate, con sus cargas y acometidas.

Dirigímosnos (l) golpes con las lanzas, hasta que se rompieron, y con las espadas que se mellaron en un momen- to, cosa de no poca admiracion, extremandose la pelea y la destreza que en ‘ella se mostraba. Nos sujetamos las manos hasta que se causaron los brazos y sudaron las frentes, y se ¡mostraron los caballos cubiertos de sudor, volando las chispas de los pedernales tocados por sus cascos. Así pasamos todo el dia hasta la hora del asr ó de declina}? el sol, en que salió del campo, dlGl6I]dOZ-—Gl1ïtl{l., que no eres sino caballero; pero ya es hora de que se sumerja el alea- zar en el agua.

Permaneció peleando de la misma manera durante veinte dias, y hallandome una noche- reflexionando sobre la manera con que el paladin combatia, senti’ un ligero ruido en los entrepanos de la jauerta de la tienda, donde vi una anciana de nevada cabeza, la cual se deslizaba la manera de una culebra, que no hubiera podido coger Sata- nas, y cuyos ojos brillaban como antorchas en las tinieblas.

Luego que me vió, despues de inclinarse ante mi y hesarme los pies, me dijo:

—Ruegote por Dios Todopoderoso, que te compadezcas de mi ancianidatl y aceptes mis excusas, condoliendoíe, al propio tiempo, de quien me envia. _

Díjelez-¿Qtie te ocurre, buena Vieja‘? ¿Que te ha pasado y renal es tu historia?

Respondiendo a mi curiosidad, dijo:

—Has de saber que a este paladin con quien peleas, Dios le ha consentido que se apodere de las hijas de los reyes; pues, cuando oye hablar de alguna princesa, dotada de gracias y de hermosura, se apodera de ella jnililicaniente y dando muerte a los caballeros que las defienden, las trae al alcazar, de donde no salen janmis. En el hay’ al pre- sente, cien hijas de reyes, las cuales me envian t’: ti para ofrecerte el zalam: (2) y que te de su recado, que es de esta suerte:

a Ven esta noche adonde nos hallamos que, pardiez, hemos de hacerte tlueno de tu enemigo.»

Cuando pacalur’) de hablar, la i nterpele con estas palabras: y y

“Buena \rieja,‘¿cómo llegare adonde estan esas damas y entrara’; en el jaalacio, si esta sumergido en el aguas‘?

Respondióz-Jío te guiare, si Dios quiere. A

Gon todo repuse aún:

-—Buena vieja. En este particular, recelo que haya algun dolo; porqnetengo para que del capítulo de la con- cupiscencia vienen al hombre todas las desgracias. Jnrame que dices verdad, por Dios, cuyo nombre sea exaltado, y ratificamelo solemnemente. _ y

Me lo juró y ratificó solemnemente, despues de lo cu-al nos dirigimos a la orilla del lago. Descendimcis por ella, hasta llegar cerca de la superficie delragua. Allí habia una enorme cadena, la (Jual luego que fue separada de su. sitio por nuestros esfuerzos aunados, se abrieron las aguas a la derecha e izquierda y vimos debajo de la tierra un subterráneo labrado de marmol, que lo labraron los filósofos, y lo dejaron por reliquia los amalecitas y patri- cios romanos, para hacer su fama memorable.

Entró la vieja «lelante de mi y yo detns de ella y nos hallamos enfrente con una puerta de bronce. que tenía

(l) Prosa rimada. (2) saludarte.

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