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94 EDAD NlEDIiL-PALEOGRAFÏA LITERARIA.

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un alambre por un lado, el cual, movido por la vieja, puso en movimiento la puerta que se alzó para arriba. Díjome la anciana : —-Muley, entra. Entre, en efecto, llevandola delante; y donde ella ponia el pié, lo colocaba yo inmediatamente. Así habríamos

andado un trecho como un tiro de flecha disparada por ol arco, cuando vimos delante de nosotros un caballo

de bronce, con una cadena en la boca.

Pregunte á mi guíaz-¿Qué significa ese caballo?

——Has de saben-me dijo,-—que el estanque que se halla ante nosotros, tiene una profundidad cuyo límite se desconoce, siendo peligrosísimo de atravesar, con no existir desde aquí para el alcazar ningun otro paso accesi- ble. Constituye su superficie una extension, cuya longitud es de cien brazas, espacio que no se puede pasar sino sobre este caballo. Ahora es preciso que montes en él.

Díjelat-Guala, no montaré ahora; monta ti’i, buena vieja, que yo me acomodare en el despues que tú.

Replicómm-Nluley, ¿no existe entre nosotros convencion y pacto de confianza?

——Con todo, juro a Al-lah, que no montaré si no vas delante; de esta suerte si hubiere salvacion sera para uno y otro, y si no la hubiere, el fin sera el mismo para ambos.

Monto la vieja, y asiéndome de la mano, me hizo montar en el caballo, detias de ella.

Tenía el bruto en la espalda una clavija. Hízola girar mi compañera de viaje y echando a volar con nosotros el caballo, pasó el estanque con la rapidez de saeta disparada desde el vientre del arco, hasta dar con la frente en una pared: en aquel punto vimos abrirse una puerta, franqueando sus hojas a derecha e izquierda, por la cual entrando el caballo con nosotros, puso fin á su movimiento. '

Habiendo echado pie a tierra, me dijo la ancianaz-Nlira el espacio de que te hablé antes.

Mire efectivamente, y vi un espacio fluido por donde soplaban los cuatro vientos cardinales.

——En verdad—exclamé,——que es cosa de notable consideracion.

-—Es—-prosiguió,—-la albufera del aficionado a la sociedad de las mujeres (l).

Despuesextendió la mano por debajo de la silla del caballo de bronce, y que tenía una segunda clavija, la cual,

puesta en movimiento por la anciana, comenzó el caballo a volver por el camino que habia traido, cerrandose

la puerta con violencia.

Ofreciéronse a mi vista en el alcazar, maravillas como no habia contemplado nunca. No dejamos de caminar,

por tanto, yendo la vieja delante, explicandome las maravillas que en el alcázar se mo y dijo la vieja:—Muley, hemos llegado. Siéntate aquí, para

straban . A

Al fin, encontramos una verja ó jabeque de hierro, que te anuncie a las doncellas, dándoles cuenta de tu llegada.

Acercóse la anciana :1 la verja, donde abrió una puerta, disimulada en sus labores y entrando por ella me

dejó solo. Habría pasado como una hora, cuando ruido tumultuoso, y dijez-Gualá, ¿que sera lo que oigo?

Pasado un corto espacio desde que se advirtió aquel ruido, sentí abrirse la puerta que habia en la verja,

y vi presentarse unas doncellas que, sobre mostrar toda gentileza en‘ su buena proporcion y estatura, reunían alas

rosas de las mejillas, pupilas de narcisos en sus ojos; con un mirar pudoroso como la calendula que se abre.

largo y perfumado, dispuesto en bien tejidas trenzas; los movimientos de sus cuerpos

Traian el cabello tendido, y tenianpor atavío el alcohol que engrandecia sus ojos, vistosas joyas

arrebataban el ánimo; su tez era delicada,

y hermosos almaizares.

Desde que me vieron, vinieron a besarme la mano y el pie, despues de lo cual se expresaron de esta suerte:

——Siii duda, nos preguntaras, noble señor, a quien Dios bendiga y recompensa, cual sea nuestro estado y quie-

nes seainos. Sabe que somos cien doncellas, encerradas en este castillo. Siiplicamoste que vengas con nosotras

y no temas, pues, no habrá daño para ti, si Dios quiere.

Despues me rodearon, colocandose unas a derecha, otras a izquierda y distribuyendose las demas procediendo- me y siguiendome, y comenzamos a caminar, yendo la vieja delante con una antorcha en la mano. Al llegar a la puerta se abrió y entrando por ella, con las doncellas á los lados, un subterráneo con estatuas. Fué corriendo

Cr] n I v‘ (1) 5,92‘ tu.» en el texto.

HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMlltm-«CÓDIGFI ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 25

conmigo a subirse la vieja sobre una estatua, y dos doncellas lo verificaron sobre cada una de las demas, las cuales, todas al sentir a uel eso o -’ = ' ' - - , . q p , omenzaron a moveise, y distribuidos en ellas, subieron con nosotros a cuestas buen espacio, hasta que nos pusieron en el alcazaigjunto a una puerta, donde se pararon. X o r vo a q 1 _. w’ ' z . r 810m6 la vieja de la mano y me hizo entiai en aquel sitio. Alli vi otras iloiicellas sentarlas, las cuales, luego que me vieron, se levantaron, saliendo a recibirme con toda reverencia. 139591195.“? dleïon 13 bïenVeïlïda, (leclafántlome generoso, y me ilijeronz-Muley, bondadoso has estado con nosotras, viniendo hasta este lugar. ixlabado sea Dios que nos ha reunido En seguida me hicieron subir a una manera de trono y me trajeron de comer y de beber, y ¿Om-lr hasta que me sacié bebí hasta ue 1o t i. l 3 I’ = ' ' » I . 2 Y c q I uve sed, y ala ae a Dios ilandole giacias. Luego me (lIJGFODZ—-SGIIOI‘, levaiitate ahora; el tirano esta cerca, dirígete contra tu enemigo. Veamos si quiere Dios ponerlo en tus manos, Me levante y me dirigí al aposento donde estaba. Habia en el hasta treinta doncellas, en medio de las cuales al paladin, que decia: —-Me atormentan presentimientos esta noche. Dejadme que descanse pues mo da el corazon que esta noche t ,9 . z i y, j se apoderara de el paladin con quien mantengo pelea. salieron de su presencia las " " - '- r Jovenes y yo dije para min-«Aguarda a que se duerma tu e ' nemigd-Volvime a mi sitio hasta que supe que dormía Entonces me dirí ' í - » , , . . , , , gi al aposento donde habia estado el l d’ pa a in v lo halle cer« rado. Para abrirlo metí la es ada e i e - ' - Ï . d d h H d p t ntie las puertas y coite los apoyos que las sostenian y me dirigí al lecho, on e no a é a na ie. Salí a buscar ‘l. la vieja v a las doncellas ' ' . . a quienes hable de esta suerte-No hallo señal de quien busco. Bepuso la anciana: ——Entra conmigo, Muley. Entró efectivamente conmigo la anciana, y anduvimos como un tiro de arco Comenzó mi companei 1 1 - s ‘a a JLISOELI’ e dili entemente or un vasto - g ' p “salon, pero no le encontramos tampoco. Al fin, vimos una puerta cerrada como 1a de una taca o alhacena, y me dijo la anciana: x —Entra aquí. ——Y0 la (llje: ¡Pardiez! ¿Por que no entras tu ilelante? Hízolo así la anciana d entre coi e ' ' i n e - 1 - _b I ° d 2 Y l lla. Habia alli coi o una maiieia de estiado, con su lecho de madera de c ano so ire tarima e oro ' = - w A 3 r - - . . .. , i , y cubiei to eii su mayoi parte (OH un velo cuajado materialmente de jacintos. Dije a la anciana: -—Vuelve es era l‘ '- * = . ' r‘ » v - - . Y p a a pueita pci donde hemos entiado, Y di a las doncellas que lo verifiqueii del mismo modo. Fuese la vieja y mire hacia las damas, y que ‘todas tenían fija la vista en desde su sitio, y no cesaban de hacerme señas, como para alentarme. Volví entonces hacia donde estaba el velo y lo levanté con la p t d 1 2 . »- un a e a espada. Despues contemple como el cuerpo de un negro sobre el lecho del estrado. ——-Este es, dije, el aficionado a la sociedad de las mujeres (l) Gualá anadí no he de lierirle hasti m’ l - ' a » a ‘e irar e ver su rostro. y Aproxlmeflle á este efeet“ Y ObSBÏVé ¿[U6 Sobre el rostro tenía como un velo o antifaz formado por los rizos de sus cabellos. Apartelo v aiareció or ie ' a ' ' » - Ontemplalla [más b H: ,1 lcd d P t ¡bajo el semblante de una doncella lieimosisima, y tal, que no lian podido c ' ‘. e a os ota‘ os de vista ni ilescribirla mas =f A ' A - , . pei ecta y llena de gracia los autores de descri _ ciones, como que parecian derramadas en todo su cuerpo la hermosura y la luz refulgente. Semejaban sus Ojos d}; fuentes (.2) que coiividan con su proximidad al sediento; sus mejillas eran rojas como las rosas de los ' d’ e jar ines" sus cabellos capaces de alentar y conmover las cenizas; su rostro todo presentaba la belleza de la floi de g ad _ ran o y despedia brillo como la luna, o las perlas ensartadas, ó como un marjal con abundante agua’ su cuello e13, d o ) A i e cristal; su seno, como el asiento de un mercader (entre dos aparadores); su pecho como la granada Tenía el vientre

(l) ave-Ñ‘ li: eii el texto. lia misma palabra achb. o con el articulo rií-aiz-lil; se repite cuantas veces ¡raaucílnna «G13153 A ¡, i . - de las mujeres.» _ d l (‘lluolhtl H d wclekïad (2) Hay 'iie o de alai ra“ e itre el dobla si iiifirwido de la ‘llalïlfl - - ' . - . _ _ J g P ' b r1 ‘I = S" I“ - « a"? Uy lepetida en el texto, la cual significa zilternativamente eii ará- blgo ojos y fuentes.

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