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E26 EDAD MEDIA. ——PAÏ.EOGRAFÏA LITERARIA.

ornado por las ondulaciones de alrededor; dos caderas que se correspondían en igualdad; piernas torneadas; pies bien formados, brazos vistosos, en relacion con el pecho. Despues que la hube contemplado, _exclamé:-¡ Ay! ¡qués viva impresion causa en el alma en todo mi ser! Y cuando acabe de verla, (lijez-Alabado sea Dios que la crió con la mano de su poder, no con la mano de criatura. Enternecíme a su vista, y sintiendome fascinado por su hermo- sura, me acerqué para contemplarla mejor-; y advirtiendo la hermosura de su talle, quedé sobremanera imaginativo.

En esto abrió ella los ojos, y desde el punto en que me vió, dió un grito terrible y extraordinario, al que res-

pondí por mi parte con otro no menos inerte. Despues saltó del lecho, y puesta dc pie, me dirigió una mirada, con la cual la noche convertida en dia.

¡Tanta era su gallardía y el brillo de su hermosura! Porque tenía cuatro ondulaciones en sus carnes bien formadas, a la derecha y por debajo de su talle, y otras tantas a la izquierda, y me creí delante de un ídolo ó estatua como el tlescrito por el poeta, cuando dice:

De alcanfor estatua bella-por la. noche me acompaña, Viene á verme con las sombras-y parte D0!‘ la “ïïïilïfiflïi; Si pura y noble ella viene,—pura y noble ella se aparta. - Los encantos de su rostro-á la misma luna paran,

Y lo que atlmira la luna-euahïjuier pecho humano inllama. Por eso, cuando se parte,-—con las tinieblas se igualan, Que existen cuando aparece-las que oscurccen el alba, Y cuando llega el ocaso-ntiñe la sangre mis lágrimas. Mirad con que regocijo-saludan’; su llegada, n Y deslizaré mi mano,—llevando en ella mi alma, De la rosada mejillamhasta la ebúrnea garganta, y

A Besando a uu tiempo los dedosÉ-que tiñó alheñosa planta.

En tanto echaron de ver las doncellas que mantenía batalla con la dama, la cual fue tan- terrible, que a tanto

esfuerzo hubiera encanecido un niño y se hubiera fundido el hierro. Acometíla con la fuerza del leon airado, y arrojandome como la garza real se lanza sobre el pajarillo, con ella en tierra. Despues, acercandome a la her- mosa, la até las manos a la espalda con las trenzas de sus cabellos. I

Viendo lo que yo hacia, me suplico la desatase.

“Enhorabuena, dije, mas sera con una condicion: que habras de ser mi esposa y yo sere tu marido.

—— ¿stoy a tu voluntad, respondió. .

Acto continuo la desate y se vistió sus ropas, entre las cuales habia ¡oh miramanioliii! una piel de hombre adobaila, que vestía durante los combates, y al ponérsela, aseguraria cualquiera que la mirase que verdaderamente ‘era un esclavo negro.

Cuando se puso en pie la doncella, me tomó de la mano y me dijo:

———¿ Conoces al paladin que peleó contigo por causa de Rafidato-l-chamel?

Díjele:—No, en modo alguno.

Repuso ellaz-Pues aquel paladin soy yo, que estoy enamorada de ti perdidamente; Mi verdadero nombre es Alchahia, (Cielo Sereno) y la causa de haberme hecho llamar con nombre de varon es que, habiendo muerto mi padre, que era rey, sin dejar quien le heredasc en el reino como no fuese mi persona, apenas llegaba a mis oidos la fama de una doncella hermosa de las que tuviesen calidad de hijas de reyes, la cautivaba peleando ó con enga- ñosas artes. Ahora alabemos a Dios que nos ha reunido.

Díjelazé-Señora de reyes, ruégote que pongas en libertad a aquellos compañeros mis amigos.

Respondióz-Levantate y vendrais conmigo a visitarlos. e

Asióme dc la mano, y me llevó a un salon en el interior del alcazar, donde hallamos a los tres caballeros ves‘- tidos con trajes de vistosos colores y turbantes de malla en la cabeza, teniendo cada cual a su lado una doncella, y comiendo todos a su placer y bebiendo agradablemente.

Al verme, se levantaron a recibirme con apresuramiento y me dieron la bienvenida, apellidándome generoso.

Despues pasamos la noche reunidos en vela deleitosísima.

HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMllÍ-L-GODIGE ARABIGO DEL ESCORIAL. 27‘

CAPÍTULO XI.

DONDE SE REFIERE COMO FUÉ PROGLAMADO ZEYYAD MONARCA SOBERANO DE LAS GABILAS QUE MORABAN EN EL TERRITORIO DEL ALGÁZAR DE AL-LAUALIB‘, FIESTAS CELEBRADAS CON OCASION DE SU MATRIMONIO CON CIELO SERENO, Y LLEGADA DE LOS

EJERCITOS DEL SULTAN ALCHAMUH, DEL REY AMIR, DE LA PRINCESA SADE Y DE LA INFANTA ARQUERA DE LA I-IERMOSUÏLA.

Cuando amaneció Dios su manana, que fué de un dia hermoso, salió la princesa del alcázar, dirigiéndose adonde teníavsus cabilas y deudos, y habiendolos reunido, les habló de esta manera: n

—-¿Sabeis quien soy?

Respondieron todos a una voz.

—Eres nuestro soberano, hijo de nuestros soberanos.

—-Sabed, repuso, que no soy un hombre, y que ya no tiene por que ocultarse el que se ocultaba, toda vez que ha llegado para vosotros quien sera monarca perfecto. Yo soy una doncella que he temido antes que arrebataseis de mis manos el reino; pero Dios me ha deparado entre los hijos de los reyes quien pueda ser rey generoso y señor magnanimo. Llamase Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena.

Despues escogió cien jeques entre los señores árabes de su pueblo, y habiéndolosintroducido á mi presencia, me proclamaron soberano. A

Por mi parte, elegí para que fuesen dc mi comitiva a los tres caballeros mencionados, a quienes hice mis justi- cias ó alguaciles mayores. Permaneció la princesa todavía a mi lado sin mudanza en nuestras relaciones, durante siete dias. ' n

Al cabo de este tiempo, mande a los señores ‘arabes que montaran a caballo; y dispuestos en cabalgata, y ade- rezada la princesa, solemnice la fiesta nupcizil, descuartizandr) a este efecto vacas y degollando camellos, al pro- pósito de que se preparara comida abundante. Despues consume el matrimonio, convenciemlome de la pureza e integridad de mi esposa.

Gontinuaron las gentes comiendo a su placer diez dias, y permanecí al lado de mi amada un mes entero.

Pasado el mes, salí con mis alguaciles mayores y con la princesa Cielo Sereno al objeto de internarme en el de- sierto Ay solazarme con la caza, encargando al aya vieja el ornato del ítlCáZal’ y el cuidado de su custodia, como asimismo de cuanto en él se guardaba.

Gaminamos, ¡oh miramamolin! el resto de nuestro dia hasta el anochecer, haciemlo alto en un lugar ameno, de hermosos huertos y lleno de verdura, donde pasamos la noche.

Al amanecer montamos a caballo y seguimos nuestro ejercicio, pero mientras buscabamos piezas que cazar, vimos ‘quezse levantaba polvo y como una niebla brillante que parecia extenderse a los cuatro vientos. Cuando se disipó la niebla y cesó el polvo, facil fue conocer que procedía de un ejército, cuyas filas apretadas dejaban impre- sion en la tierra (l). Su aspecto se asemejaba a lo lejos ya al del proceloso mar (lleno de oleaje), ya al del torrente que avanza por las riberas; cuando al de las aves que vuelan congregadas de un lado para otro, cuando al de la noche que al parecer se inclina sobre los fantasmas que se muestran en la imaginacion, ó en fin al de una turba de hom- bres ante los cuales se ofrece un muro fortificado, los cuales muestran en los turbantes y coronas variedad de colo- res, y ora corren y se aprietan, ora-se extienden y sueltan las riendas de los corceles con igualdad un lado y otro,

al tiempo que levantan en alto las lanzas, no viéndose por todas partes sino banderas tremoladas, atabales que-

suenan, señales que brillan sobre los ‘atalayas de las alturas, y caballos como montes que siguen los estamlartes de "vanguardia. l i i‘

Greerias que detras de ellos habia de venir el flanco y la gente menuda con lorigas de las labradas a. estilo de David y fuertes addaylamíes y que traían en sus manos clavas turcas, aceros aladies ligeros, espadas indias

y adargas lamties. Parecian recorrer la tierra a su largo y a su. ancho, por sus alturas V sus vaues, ¿m1 sigui“)

(-1) Prosa rimada.