28 . EDAD blEDlA.—PiXLEOGRAFl.A LITERARIA.

dirigido por adalid entendido en el buscar agua y pozos y en distribuirla en pequeñas porciones, que acierta a tocar en sus manantiales, como si tuviese rios bajo su mano, ó comenzasen acorrer las fuentes á su vista; herencia reci- bida la tal adivinanza en el descubrir agua de sus antepasados remotos.

Delante del ejército, la imaginacion adivinaba, ora caudillo fuerte como torvo leon, 0ra paladin Valiente y caba- llero jovial de mucho desenfado que usaba las palabras en su rec.to sentido y construcciones de interpretacion no dificil, con gentil continente y muy discreto consejo, en cierto jinete que montaba sobre una yegua de color de cenizafgallarda, airosa y de perfectas cualidades, tarda en el correr, acelerada en el paso, con la crin recortada por delante y tal que aventajaria a correr a los avestruces en la tierra, é igualaria la rapidez del vuelo de las otras aves. Descendia de los collados, como cuando baja el torrente de la montaña precipitandose en línea recta, dejando ver acerados cascos que llenaban de admiracion y quitaban las penas de la muerte, debiendo ser ella la misma por quien dijo el poeta:

Vuela sin alas la yegua, que en ligereza, adelanta viento y rio,

y el jinete que la monta, de su rapidez se encanta y de su brío.

Pero si de su correr cuando á su grito se aleja, está contento, sabe que si otro la rige, cualquier rio atrás la deja,

y más el viento.

Al contemplar sus primeres,

de su planta. la belleza,

y apostura,

no es dudoso que halle gracia, en quien toda gentileza

se asegura.

¿Que importa que cl hombre vano, cual su esclava la presente sin consuelo‘?

Si al despedirse al galope, como el ave independiente

huye del suelo.

Cuando se acercó a nosotros el jinete, se dirigió á acometernos lanzando un grito pavoroso, pero habiéndole considerado atentamente, reconocí con sorpresa que era Alchamuh Ben Guail As-sahmí. Por su parte reparo en mi persona, y se apresuró a echar pié a tierra, y poniéndose a mi lado, despues de besarme el pié y la mano dijo:

Señores arabes, este es nuestro señor y dueño a quien buscamos tanto tiempo, aquí teneis a Zeyyad Ben Amir el de Quínena.

Dijo y llegaron los príncipes de los arabes, los cuales habiéndose acercado me saludaron cortesmente. Invitéles descansar, lo cual hicieron en las tiendas que dispuse se armaran para recibirlos. Asimismo mandé obsequiarlos espléndidamente con dones de hospitalidad, y celebrar un festin que durase tres dias. Despues se levantó Aloha- muh y besandome la mano dijo: .

Atras he dejado a tu padre y deudos, los cuales recorren el mundo buscándote con ejército poderoso, y lo mismo ha hecho Sadé que viene a la cabeza de otro ejército no menos considerable, habiendo señalado todos como punto de reunion al alcazar de Al-laualib y Albufera del aficionado a la sociedad de las mujeres.

Habiendo oido hablar de mis relaciones y conversacion con Alchamuh, la princesa Alchahia juntamente con Malic Ben Sinan, Assima Ben Gueilan y Hilel Ben Amir, acudieron a mi presencia y les informe de la venida de los ejércitos, lo cual les causó mucha alegría.

Al propio tiempo mandé traer dones de hospitalidad, que repartí entre las eabilas de los átrabes durante tres

lllSlIlliIiA DE ZEYYAD BEN AblIl’r.—GODlGl<l ARABIGU DEL ESGORIAL. 29

dias. Fueron traídos dromedarios cargados de corderos, ovejas, vacas y camellos y toda clase d.e comestibles. No se habian cumplido diez dias desde aquel encuentro, cuando levantarse polvo en forma de nube brillante. Alandé al punto a Alchamuli que montase a caballo, para enterarse de quién era el ejcÏarcito, y habiéndose ausentado

durante una hora, volvió aprestrradarneute a incorporarse a mi persona, y besandome la mano me dijo: Gidí al-i

bricias-«Viene Sadé, hija de Tariq.

Levantéme, pedí mi caballo y montando en él me anticipé a salir a recibirla.

V enía delante de ella una esclava negra, llevando en la espalda una clava de peso tan considerable, que no hu- biera podido trasportarla un camello, ni menos manejarla y volverla de un lado para otro el paladin más esforzado‘

Cuando me vió la negra dejó caer la maza de la mano y dijo de esta suertez-Señora mia; aquí esta Muley que se acerca a nosotros.

Apeóse Sadé y habiéndome besado el estribo me dió el zalam ó saludo religioso. Hicieron alto sus gentes y mandó Cielo Sereno que descansasen, y habiendo echado pié a tierra, dispuse que se les otorgara hospitalidad am- plísima. Pasamos alegres aquella noche y cuando amaneció fueron llegando los ejércitos uno tras otro, y no pasaron seis dias, sin que se reuniesen por completo en el alcazai‘ de Al-laualib.

Cuando estuvieron reunidos mandé degollar camellos y matar carneros, durante un mes seguido. Pasado este tiempo se inclinó hacia mi, mi padre, y me dijo: Hijo mio, celebra -festin nupcial, consuma el matrimonio con tu esposa Rafidato-l-chamel.—-Celebré el festín nupcial y verifique mi matrimonio, y despues de pasar siete dias en su compañía, lo efectué del mismo modo con Sade, hija de Tariq.

CAPÍTULO XII.

AVENTURAS DE ZEYYAD CON UNA HERMOSA GAGELA. HISTORIA DE LA DAMA GENIO, DE SU MATRIMONIO CON ZEYYAI) Y DE

LA FALSA NOTICIA QUE SOBRE LA MUERTE DEL HÉROE su DIFUNDE EN LA COMARCA DE AL-LAUALIB.

Permanecí en el alcazar de Al-laualib tres meses y tres dias, y habiendo salido uno a cazar y hacer presa de aní- males montaraces, en el momento en que me entretenia en la caza alcance a ver una gacela, como no la mas hermosa entrecuantas gacelas habia visto. Encareciendo su belleza a los que me acompañaban, les dije:

—¿Por ventura habeis visto algo mas salado que esta gacela?

-—Respondieron. No pardiez, señor, no hemos visto ninguna mas gallarda que ella.

Yo añadL-Juro por el señor de los mares y el autor del dia y de la noche, que’ a todo trance he de seguirla, aunque se ocultase donde se esconde el agua en las entrañas de la tierra, y aunque subiera a la alta esfera adonde el sol asciende.

En seguida di un grito a mi caballo, monté en él, le corte l.as riendas con un cuchillo y habiéndole castigado con el látigo, se lanzo’ tras ella, no si como huracan ó como la saeta que silba, ó como agua que se precipita por un cano estrecho, y perseguíla por mi parte lo que quedaba de día hasta que se puso el sol. Al ocultarse este astro, que subia por un monte’ altísimo, adonde conducía un camino que parecia más bien senda de hormigas ó subidade colmena, ella continuaba su fuga adelante y yo la seguia detras, hasta llegar a una aln1oguera ó gruta donde entró la fugitiva. Me apeé del caballo y entré en la gruta a jiersegtiirla, y las tinieblas me rodearon; pero en medio de ellas se ofreció a mi vistauna doncella, radiante como el sol de medio dia en cielo sin Iiubes. Sobre su talle lucian tres almaizares ó túnicas, y mostraba el cabello repartido en doce trenzas que parecían listones de cinta negra ó de plata bien labrada. _

En cuanto la Vi faltóme el discurso y se turbó mi entendimiento.

Ella dijo: Bien venido seas, señor del mundo, guala, eres mi huésped esta noche.

Díjela:——Señora, ¿con quién dejaré mi caballo que ha quedado fuera de la gruta‘?

Respondiór-Tu caballo ha sido trabado en el punto en que te apeaste.

Dicho esto me asió de la mano y entré con ella en un alcazar, que no tenía superior en lo que habian contemplado mis ojos.