35 _ EDAD MEDIA.——PALEOGRAFÍA LITERARIA.

el cuerpo de la picota. Despues dijo a los que le seguian:——Bajad al rey, a sus compañeros y a las princesas, de los maderos en que estan colocados.

» Mis compañeros fueron descendidos en un abrir y cerrar de ojos, y cuando todos estuvimos juntos, exclamó el niñoz-¡Alabanza a Dios que nos ha reunido!

Despues acometieron a los de la ciudad, y chocaron los caballeros con los caballeros, y gritaronse los enemigos unos a otros: en todo aquel dia no se cesó de matar, vistiendo la sangre la tierra, como si fuese una túnica, y con- virtiendose el dia en noche.

Bebieron los hombres la muerte en copas, y experimentaron ‘dura afliccion en tan tristes momentos; se cumplió triste sino en los príncipes y señores; quedaron tendidos al sol los cobardes y se hicieron insignes los generosos. Voló a mezclarse con la sangre el litsam que ocultaba el rostro; repetíanse los relinchos de los caballos, bajo cuyos cascos quedaban los muertos. Gorria la sangre bajo las sillas, precipitándose a torrentes y se rompía toda lanza larga. Saciáronse de sangre los buitres y las aguilas; extendiéndose la batalla por espacio de mas de tres Inillas, adonde

el que llegaba tenía siempre en que ocuparse. Al fin, volver a los pajes, por cuyas manos corría la sangre, en

terminos que al quitársela caian de ellas masas sangrientas, como los hígados de un camello. Asimismo vi al niño

que, acercándoseme, junto conel caballero del tahalí que arrastraba, se apearon ambos de sus cabalgaduras y diri- giendome la palabra dicho caballero, me dijo :—-¿Gonoces a este infante? ' A

-——No se quien es,—le dije.

-—Es tu hijo.

Al decir esto, descubrióse el caballero el rostro y reconocí a su madre amorosa, á J atifa, hija de Aljatof-ben-Daur.

Estrechóme el niño contra su pecho y me besó entre los ojos, luego acercándose a su madre, la dijo:

——¿Que hare con el viejo, que puso asechanzas á. mi padre y dió muerte á-Zaidat-ox-xachan?

Respondió ella:—-¿Sabes donde se halla?

Gontestó el niño:—Lo ignoro.

Acto continuo, mandó ella que fuese buscado y traido á su presencia.

Cuando le tuvo delante, le dijo:

——¿ Imaginaste, viejo del mal, que te librarias del peligro‘?

En seguida mandó buscar una mazmorra, y habiendola hecho ahondar, dispuso que seiencendiese en ella fuego. Luego le ató al viejo las manos á las espaldas y fue arrojado sobre las ascuas, donde se quemó hasta reducirse a ceniza.

Por ultimo, se levantó J atifa-al-horr y al separarse de ella sus caballeros les díjo:——ld por adiafas ó regalos de hospitalidad. e

Trajeronlos al punto y pasamos la noche agradablemente, comiendo y bebiendo sin tasa.

Luego que amaneció, caminamos para la ciudad, cuya gente pidio someterse a nuestra obediencia, y les otorga- mos capitulaciones, dándoles la libertad, a condicion de que abrazasen el Islam, reconociendo a Dios unico y verdadero.

Entramos en el alcázar, donde encontramos muchos haberes, y permanecimos allí con alegria y solaz, un mes

entero.

CAPÍTULO XVII.

ÚLTIMA AVENTURA DE ZEYYAD.

Pasado el mes referido, hice venir a Assima-ben-Gueilan, y le dije: n. —Vete al alcázar de Al-laualib y albufera del aficionado a la sociedad de las mujeres y cuida de las poblaciones y caseríos que allí quedan. A este propósito le confie mil caballos. Mande á Alchamuh que volviese para su país y permaneciese allí con su hija Rafidato-l-chamel; llame asimismo aTariq Al-hileli y le otros mil jinetes, diciendolez-Ve á tu país y quedate en el, y no deje de confiar gobier-

nos a mis servidores;——hasta que me quede sólo con Quebranta-jiiedras.

HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIlL-CÓDIGF} ABÁBIGÜ DEL ESCÜRIAL. 37

Entonces le dije;

-—¿ Que necesitas?

Respondiomez-Muley, quisiera lograr la muchacha Luce como un rayo, hija de Safuh, de la que te he hablado anteriormente, por si es servido Dios (enaltecido y glorificado sea su nombre), en concederme un hijo que sea para mi, Cidí, un apoyo, como este que tu tienes.

Repliquele :-——¿ Dónde está esa jóven?

Contestome:—-Entre nosotros y ella hay tres dias de camino.

Pasamos aquella. noche y cuando amaneció me incline a la dama madre de mi hijo y la dije:

He menester caminar con este mancebo, para ver si conseguimos lo que es objeto de sus ansias.

Despues, habiendome despedido del hijo y de la madre salí con el esclavo, sin saber lo que nos estaba reservado en los arcanos del Altisimo, quien dispone de los destinos de los hombres segun su albedrío. ¡Alabado sea Dios, no hay otra divinidad que el y es clemente y misericordioso! y

Gaminamos recorriendo la tierra su largo y a su ancho y por montañas y llanuras, y pasamos por una tierra negra (l), desnuda de vegetacion, apartada de todo lugar poblado y dilatadísimo, donde no se veia hombre, ni gallo, ni se sentia ruido, ni susurro, sino era el producido por el ir y venir de los compañeros del maldito Iblis; por todo pasto ofrecía la coloquíntida, por toda hortaliza el jaramago, el calor en ella todo lo encendia, hirviendo por donde quiera el agua, apareciendo agitados los montes con el incendio de los fuegos fatuos, como el hombre que tiene el pie encadenado con el contacto de los grillos.

Seguimos nuestro viaje durante tres dias con sus noches, y cuando fue el cuarto divisamos un monte, que pare- cia levantarse sobre la tierra hasta tocar la esfera de las nubes. Yendo por el a beneficio de un camino de herra- dura que parecia sendero de hormigas, vimos en su parte mas alta una almoguera o gruta grande y oscurísima.

Cuando la vió el esclavo dijo:

m-Muley, en esta almoguera vive la muchacha que amo.

Mientras hablábamos de esta suerte oímos un ruido espantoso, como el del trueno que rasga las nubes ó un viento huracanado.

Preguntele:m¿ Que es esto ‘f

Respondiomez-No se. Vimos en aquel punto salir a ima muchacha, la cual acelerando el paso se dirigió hacia nosotros, trayendo en su mano una clava que no manejaria semejante ningun caballero, ni podria cargar con ella camello alguno. Al llegar adonde estabamos hablo en una gerga arabe y barbara, comenzando un razonamiento que en parte le comprendimos y en parte no nos fue inteligible. Al fin entendimos que dijo:——Desgraciados, ¿igno-

rais que el incomodar no es noble‘? ¿Que os ha movido a entrar en mi tierra? ¿Por ventura no conoceis a quien la habita?

Inclinándoirie entonces al oido del esclavo le dije‘

m-¿Iis esta la muchacha que buscamos?

Respondió: --Ciertament,e.

w-Pues acércate a ella, le dije.

blirandola el se estremeció de alegría hasta caer de espaldas. Despues la dijo:

wBien venida seas, Luce como el rayo.

A la verdad, la muchacha. era tal que no tendria par en hermosura, gentileza, estatura _v buena proporcion en sus dias. y

En seguida, la dirigió el esclavo grito de pelea terrible y la acomotio con modo de ataque extraordinario. Por mi parto, me retire a un lado donde me puse á contemplar la batalla, viendo entrcjos dos empeñado un combate, ca- paz de hace? Sïtlll‘ 031135 ¿í 1111 niño por su violencia y de fundir el hierro con su ardor, durando desde la mañana todo el curso del dia hasta la noche.

Entonces subio la joven a retirarse a la almoguera, y nos fuimos el esclavo y yo a pasar la noche debajo de un arbol. Cuando la noche «estuvo mediada, oi ruido considerable y pregunte al esclavo,

(l) Prosa rímmlu en el texto.

lo