“ , * _ % g } a Ai», . ., . , . fl .Ï_ ,. , I. , . .. . . ..._C.._; .v 3,. _; ....p ._ H. i, ,,. 1......» r % _ % yaa a. u. 4 . 7.. ..,, . 1. A». y. >— "w-«L “ ' ' - í . ‘ . ‘ ‘ —— . .A4—;_________ v _ " _ ‘ ‘ a % M % HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIBEIJDE QIUINIENA, HALLADA EN LA BIBLIODTECAIJEL ESCORlAL, Y TRASLADADA DIRECTAMENTE DEL TEXTO ABÁBIGO ORIGINAL A LA LENGUA CASTELLANA, POR EL DOCTOR‘ DON FRANCISCO FERNANDEZ Y GONZALEZ, DECANO DE LA FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL, É INDIVIDUO DE NÚMERO DE LAS REALES ACADEMIAS DE LA HISTORIA Y DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO. (PnIJIícaIa. el Illusen España] de Antígüedarles.) t‘ i‘ E“ i M A D R I D: ,. IMPRENTA DE ÏPORÉFANITI, CALLE 1m LA LIBERTAD, NÚM. 29. 4882. f/ í/ááfi/étjyïïewfizw’ ¡‘á ¿’J/“afi/ámhfiyl i/ t/ ¡y / / \ , ” «í amm «www «e rw , / , jï" ’ " 7 y ¿AM3 ,21, , e x f) t i’ t las! " ¿transitar BIBL. Y PRÓLOGO. Alaeïsnas han trascurriclo doce años desde que un escritor ilustre (2), (lirigien- dose en la Revista Oriental de Leipzig a los arabistas de toda Europa, esti mulaiba la laboriosidad de estos con el propósito de inquirir, si se han conservado los textos o cuando menos los títulos y designaciones de algunos de LOS manos DE GABALLERÍA, a que con tanta frecuenciadicen relacion las costumbres y el colo- rido general de la historia entre los árabes. Porque en rigor de Verdad, si se exceptua el LIBRO DE ANTAR, cuya- prodigiosa extension recuerda la de los poemas indios, Odisea, en prosa, del pueblo (arabe salpicada de rasgos que muestran una esencia comun con la caballería europea bajo costumbres y colo- rido orientales, aun quilatado el verdadero carácter histórico-literario de el llatthal (3), libro turco que recuerda por su bénroe, en mucho, el tipo de un _ Quijote islamita, con (listar grandemente su autor del ingenio de Cervantes, ello es que entre los europeos se desconocen por completo aquellos peregrinos libros de caballería arábigo-espaüoles que Conde menciona, Von Hammer encarece, y de los cuales se ofrece, ya que no autentica muestra, imitacion harto probable en Gines Perez de Hita, autor versado como pocos en las costumbres de los sarracenos. Entre los de España, señalose grandemente la aficion al ideal de la caballería en las cortes del hagib Almanzor y de los Benu- Abbedes, en las cuales se compusieron, a no dudarlo, obras de semejante índole. Prohibir} despues su lectura, al punto de entregarlas a las llamas la rudeza de los almoravides, pero repuestas en su antigua consideracion por los almohades, continuaron su crédito en el reino granadino, de donde probablemente-las llevó a Africa durante los siglos XV y XVI la marea creciente de emigrados arabes españoles. (1) Este adorno es copia exacta del (1119; estampado sobre tafilete rojo, ocupa el contro de la cubierta de un códice árabe de Ben-Aliatil», "Q perteneciente a1 distinguido orientalista Sr. D. Pascual Gayángos. _ (2) Flíigol, Zur .Z7'7'age über (lie Romaoze und ETVZÜtÏIÏN7U/ÜZ (¡er 711071rmnnecïaníscízen Vólkarscïzaflcozv. Znxrscnnmïr DEI: DEUTSCHEN iwIoRGENLLlN- DISCHEN GEssELLsCHAFT. T. XXII. Leipzig. 1868. Merece atencion singularísima el espíritu de previsíon que resplzmdece en las siguientes frases de orientalísta tan distinguido. «Puesto que nuestro diario (la Revista de la. Sociedad oriental) escribe, llega a lugares, donde por lo menos en Parte han tenido su patria los libros caballerescos (Romane) relaciones é historias de amor, de que se habla, sería de desear encontrar allí apoyo para estas investigaciones.» g Dado a conocer primero en 1849 por M1‘. Fleischer, lia sido traducido al aleman por Ethé. Leipzig, 1871. Dos tomos on 8." 4 EDVAD MEDI .——PALEOGRAFÍA LITERARIA. _ _ .4, hojeando el códice num. i876 de los arabes, custo- Antes de que se publicara la excitacion del sabio aleman, , me persuadí de haber dado con una co- diados en la Biblioteca Escurialense (manuscrito no catalogado por Gasiri) leccion importante de documentos, entre los cuales aparecen algunos de subido merito artistico al lado de otros que así por su argumento como por su forma, pueden competir a mi juicio ventajosamente con las a . Al frente de todos se muestra uno intitulado «Libro del Alhadis o de la Historia de Zeyyad to que los cono- ombres de famad as narraciones de las MIL Y UNA NocHEs (i) Ben Amir,» el cual, por su estilo y formas, constituye un verdadero libro de caballería, mas cor cidos generalmente en Eur los personajes entre los que descuella el de ZEYYAD ó ZIYYAD Al-Quineni, Tariq ben Hilel, con manifiesta tendencia a enaltecer los fastos de los heroes de l lengo de los Benii-I-Iilel y Quineníes, famosos, seüaladamente los últimos, en Jaen y en Granada, inclinan a atri- o. Sin esto, la comparacion que se establece en el entre la garganta de un negro y el autor no eran desconocidas en modo alguno las costas de España, se advierte entre los billetes opa e incomparablemente de menos extension que el LIBRO DE ANTAR. Ya los n quien se casa con una hija de un llamado a conquista como asimismo el abo- buir orígen andaluz a este libr Estrecho de Gibraltar parece testificar que a su inmediatas a dicho Estrecho, no siendo para olvidado, por otra parte, el parecido que dirigidos por la princesa Sade y los mensajes que se Ofrecen, imitados de la literatura árabiga en «Las guerras civiles de Granada.» Respecto de la fecha de su composicion, de los almoraviiles, así por el tratamiento de Mio Gin (Gidí) uso del Zítsaim o cubierta de parte del rostro, puesto de moda por aquellos sectarios. Nada dire de las espadas llamadas tiircas, ni del tratamiento de Muley aplicado a un pr se deja entender sin ningun genero de duda, que es posteriorfá la época , que se dan entre si varios personajes, como por el íncipe, ni de algunas marcadas invasiones del dialecto vulgar, circunstancias, en particular las últimas, que mueven a recibir por probable que el libro se ha escrito a lo menos, segun razonable verosimilitud, despues del siglo XII. matizada de sentido ferviente islamita, donde se ofrece a la postre el Pues si se estima la tendencia de la obra, avencion de las prescripciones castigo de Zeyyad por haberse desposado con mas de cuatro mujeres nobles, en contr alcoïanicas junto con el colorido de costumbres y sentimientos, a que paladinainente se refiere el particular de la redencion y venganza del heroe y de su familia por el hijo que aquél habia abandonado, especie de Mudarra de genero oriental muy característico, se comprende llanamente que la ficcion no debe nada ni en la forma, ni en el fondo a las producciones análogas de la literatura europea. Del cotejo en fin, de su texto con el asunto y pormenor de los libros que los orientales imitasen nuestros libros de ca- de caballería, compuestos por autores neo- latinos, aparece demostrado con evidencia que sin necesidad de ballería, ni los occidentales los suyos, puesto que no fuese por (españoles, provenzales é italianos, hay cierto fondo comun tomado de corrientes generales en los sentimientos y en las ideas dominantes en la Edad Media, donde se han inspirado los escritores de obras de recreacion en unos otra parte imposible el conocimiento de éstos por y en otros pueblos. e entre los manuscritos arábigos de la Biblioteca Nacional de Madrid, signada. G. g. 195 y (1) Existe una copia muy moderna de este códic as y peregrínas que le acontecieron en el catalogada recientemente con este título: Historia (la Ziy/acl Elm Amar el Caïtaní y de las cosas prodigios castillo de Al-lawaleb y en Him. El verdadero titulo arabigo es así en el texto escurialense z I ; ..¡’ a a: 2 II ; t I I’ -f y " 7‘. ¿‘Í ’ ' 9 N/r seis“ a 4833i s/¿Vlb u: 93.5 De le nah?" xl” u? “v, Mit“ és’ se“, símo, ó cuando menos el traductor del titulo, no se ha fijado suficientemente e11 el argumento, leyendo bihira, en Hira, donde dice bzgíra ó albufera, movido a error por la falta de preposicion y vocalizacion defectuosa en el segundo nombre de lugar, y no acertando vcrosímilmente á traducir la palabra final que se conserva. en la copia. La palabra Al-laualib, significa clavijas, y decididamente alúdese aqui á la manera de caballo clavileño, mejor dicho clavijeño, que conducía al alcázar. y no parece aventurar demasiado el admitir que el copista novi IIISTOÏRIA DE ZEYYAD BEN ANIlR-”“"(,AÜDICE ABÁBIGO DEL ESGORIAL. ,, LlEliil DE LA ltïllïllidliliti. DE ZEYYAD BEN AElE EL DE QUINENrX v DE LAS MARAVILLAS iv CASOS ESTUPENDOS QUE LE ACONTECIERON EN EL ALCÁZAR m: AL-LAUALIB v ALBUFEHA DEL AFICIONADO A LA SOCIEDAD DE LAS MUJERES. CAPÍTULO PRIMERO. DE LA OCASION Y Morivo eoN oUE FUÉ NAEni x v ' \« < iD; EN EL «AposEWo DE Los GALIGES DE LAs FLORES» ESTA PEREGRINA r VERDADERA Hisronm, Cuentan que el miramamolin Haron rar-raxitl, hallandose una noche sin poder conciliar el sueño, convertido el Insomnio en Vela por embïlïáïïlïle el ¿“E1110 13 11191301E“ de graves negocios y cuidados, pasó buena parte de la ve- lada en el salon llamado de los cálíceiv de las flores hasta aguardar que lo abriesen, Habia siempre eii aquella habitacion que sólo se acostumbraba d abrir en dias de contento y de regocijo, veinte Ïïlïïïïíïaïïíïsl3ïel3ïïïïdosfil3aïïïl Otïcs tantos senoresyde la gente’ de su reino y DPÓÜGFGS de la nobleza, escogidos entre y va eiosos. El aposento era magnifico a llílttlïtVlllít sobre cuanto pudiera ciescribirse. Cuando fue abierto dicho salon, mandó llamar el califa a los grandes y señores de la corte, y luego que los vio reunidos dispuso que trajesen Viandas y las sirvieran alos circunstantes, ordenando tambien fuese colocada delante de cada uno senda mesa o aparador cubierto de frutas. ’l‘erminados los jiostres hizo su oficio en presencia de todos un niunidoi‘ ó lieraldo palaciego, el cual habló de esta suertez-Sefiores arabes, ¿quien es entre vosotros el llamado Zeyyad Ben Amir el de Quinena? Aenaslii * ' . A . v, - VGÏSOS OOÏOFGS, GH la Cabeza tres turbantds de cdlores asimismo Ïlistiiïtdls ÏOÏ tres vismurlg‘ de Eopones de di- una espada con vaina v arriaz de oro brillantisimo l N Las pan as sue Las) y en la Illano ha caminado en aummnto V se hi e n“ iïmo in, a aigtiï, a c Liiacion de sus dias y engramlezca su poderío, ya que Des “es afnd. j ‘fif Y ., c. ‘Kay tu o el nombre tc su afortunado reino durante su Viclït. P c io. ¿gue mandais? bn cuanto lie oido vuestro llamamiento ¡l mi jiersoiia, lie acudido :1 el cual me cumple; oyendo y cibedeciendo. l A estas razones contesto el lïllfïtflldnïülll] liablánrlolc «le (‘Std suerte: —¿Por Ventura eres tii Zeyyad ben Amir, el (le Qiiiiieiia? RQSpOIItlÍÓlGZw-Yt’) soy, príncipe, Entonces, incliiiáiiitlose el califa lieitiia Zeyyztil, lïdpllsí) cii estos [ÏEÏIUÍIIUSZ _Has de saber que anoche se me zinruistid el ziniinti con WHÏLVO, r .' -' , .- ‘V ,, _ , y , {lerdcion de los nggocms de la religion de los memes de lanfortunïïll(ylïliliioïlïglíïïylív; ttiiiliiiiizrel alma cii la consi- tenido ocasion de ver en los dieiianes i l) de los " " l a ' - , o , y ., , illílJOb v en los libros de sus historias a =' ' — u e L. que esciibieron, para que no (1) Uancioiieros. ¿gi xl HISTORIA DE ZEYYAD BEN limit-cobren AnABico DEL ESGORIAL. G EDAD MED lA .—— PALELGBÁFÍA LITERARIA. fuesen relegadas al olvido; pero aunque en tales libros leí algunas relaciones maravillosas, me han referido que Repuso el extranjeroz-Llzimase Zeyyiad-ben-itmir. tu has presenciado cosas estupendas y en realidad extraordinarias con variedad de sucesos y casos raros en que te A estas palabras se volvieron hiíicia mi persona mis primos, y ilesignzíndome al recienvenido, le dijeronw-En tu i * has visto; por esta razon quisiera que te sirvieses referir tailes maravillas y prodigios. Pïesencïa le “G1195- gomegtúje zgyyad__üigletamentgj ¡O11 mipamamonnz mi historia es extraordinaria y los acontecimientos de Oida laindicacion de los que me acompañaban, se acercó a mi el caminante, besó mi estribo y dijoz-Hacedme _ l m1 Vida no San en ningun modo Conmnes. Escoged’ Señor’ 1a parte que deseareis Oh. ¿e Bum la merced de descubriros el rostro.——Descubrílo para que pudiese mirarme, y despues que lo hiibe verificado ex- ¡ l Respondióle el emir:—Narra lo que te ocurrió con la princesa Sade, hija de Tariq Alhileli y de que modo te en- c1amo:—No se ha equivocado la doncella en las señas que me ha dado. vió su mensaje y izómo tuviste que caminar para encontrarla, y la manera con que hallaste a la infanta Rafidrtto-l- channel (l) hija de Alchamuh y te facilitó el alcanzar a Sade; en una palabra, tu historia entera desde el princi-_ y poderoso, cuyo nombre sea bendito. l ‘ En seguida desató su bolsa y sacó de ella una carta que me entregó, diciendoz-Jfómela vuestra merced-To- i Preguntele entóncesz-g Quien es esa doncellaíL-Res ÜndlÓÏÚ€Í-*X7 a la conocerás si es servido en e o ‘ — J > 8 O O pio al fin. Habiendo hablado de esta suerte, OYÓ el califa a Zeyyad arrojar un suspiro tan profundo, que cuantos habia en el salon imaginaroii que sii. alma se partía del cuerpo; despues, "tomando Zeyyad la palabra, se expresó en estos razones: j j términos «De Sade, hija de Tariq Alhileli, al Principe soberano del mundo, en la dilatada extension de sus términos, y ’ l Señor, el que habla esta a la merced ilel que escucha, ordenad a los circunstantes que guarden silencio y os re- mela efectivamente, y habiendo roto el sello halle en ella despues del sobrescrito bismíl-Zaít (l), las siguientes al señor de él y de sus regiones, Zeyyatl-ben-Amir. ferire los acontecimientos de mi vida. ¡Asi tuviese la repetida felicidad de que me oyerais durante mil años, que ÑUPLÏGSÉOS 105 Úumllllmlentos de Cosmlïïbïe; 1135 de 53139? C1116 ÍÍGYDPO lïá me Solicitan para, esposa caudillos de 1 no ¿jedmafia jamás ocupado“ ¡an pregiosaj los arabes; pero me he opuesto a que llegue a poseer mis estados otro ninguno que aquel que me venciere, peleando il ' ‘ conmigo en batalla. Al presente ha venido a mi campamento el llamado Alchamuh con quien estoy peleando hace l y ' , L J seis meses ma“ como ha a te rd ' ' = — _ a 1 . , « , s y ( y 1 i o noticia de tu persona y de lo que iefieie la fama sobre tu esfuerzo y valentia, he resuelto escribirte, a fin de que vengas a verme, por si acaso fuere este ocasion de que yo sea tu esposa y tu l! CAPÍTULO II. . . > . mi marido.» y Leido el billete, mande que these conducido el mensajero a la tienda destinada a los oficios hospitalarios, previ- ¿i REFIERE ZEYYAD sU NACIMIENTO v EDUCACION, v Los EJERCICIOS nn sn JUVENTUD, HASTA LA LLEGADA DEL MENSAJERO 1 _ d 1 r _ y _ y nen o que e iegalasen esplendidamente; despues volvi adonde estaba mi padre, quien al verme llegar me inter- E l DE LA PRINCESA SADÉ. l __ _ y iogo de esta snertez-Hijo mio; ¿quien era aquel caballero ‘LL-Respondílez-«Un viajero extraviado que pasa , . , . - - \ - \ , -- z -_ « o‘ ' ' ; Mando el califa a todos que guardasen silencio, y cuando lo hubieron guaidado dijo a Zeyyad. Puedes contai P 1 esta Comarcal. . y t“ histoïm._obedecientlo ¿L 1d indícacion del Ganga’ el noble árabe habló así: No satisfecho con esta contestacion, añadióz-Todavia tienes inmutailo el semblante. Reñereme lo que te ha su« , . , . . , i. a y , cedido.—Ent’ " -_ = ' . - . __pm¿ m1 padre, 0h prmmpe de 10s maeyentes’ ej ¿mm o Caudmo de 1a gente de Du pue“), en e} cua} estaban a onces le dije. Padie nino, el caballero de que ine hablas es un mandadero que me envia la princesa . .. . - - , - . - Sade lii'a de 1' ' " su mandado doce mil jinetes; mas, como Dios no se hubiese servido el concedeile sucesion, no cesaba de pedirla 2 J Taml ‘A11111611- e naci yo, a la sazon que el tenía ochenta y cuatro En Cuanto Oy“ mi Pili-l” esta HUGVEï, pïtlideciifi hasta ponerse amarillo, v exclamó (l8SpLlGSZ—-¡ Av hijo mio! Esa l o .1 i‘, A’ con instancia al Todopoderoso hasta que, por don del cielo, l O con un banquete mi venida al mundo, dio de comei, hasta la sacie- oncella es la mas heimosa paia quien ha amanecido el Sol y se lia puesto en el ocaso; pero apenas llega a sus años. Luego que ocurrió mi nacimiento celebr 3" dad a los hambrientos, vistió a los desnudos y cuido del aseo de los huérfanos; me puso por nombre Zeyyad (2) y me entregó a una nodriza, para que me amannantase y criara. blas adelante aprendí el Alcoran, el conocimiento oidos el nombre de algun príncipe insigne, celebre por su fama, le envia, al momento un mensaje; despues pelea Ï. con el en un palenque de liza, delante de los jefes de los arabes, y si le vence, vuelve la punta dc la lanza, para 1 ‘ ' 1 1 . ._ , _ practico de la lengua, y la gramática. Cuando llegué, a la edad de doce años, me enseñaron a montar a caballo, a 001003113 debillo “el 1313740 Y 19 SOÏPÉÜJ la 1/359“ 00“ el Cllenlo- Y 9“ "Gïïlfid ¿[U9 U0 S9 Ïefieï“ (le 95m algun C330 jugar en las zambras de noche , a tirar bohordcs ó simular luchas con la lanza, y a esgrimir tajador acero. En fin, que otro> smo qne 510mm“) sllcede l“ 111131110- al cumplir quince años era tal mi destreza en este ejercicio, que podia sostenerme sobre la silla de mi ca-ballo con- ? tra mil que acometiesen con espada. En tanto llegaba mi padre a la edad de cien años, con lo cual intentó que le —-A pesar de estmwdíjc rcsueltamentc,—no es jaosilale, padre mio, que deje de pelear con ella, ni de caminar para visitarla con dicho objeto. ' W 1 r . ' _ r 1 . . - reemplazara en el gobierno Pero me opuse a ello con todas mis ‘fuerzas —hnhombuena’Nexdanï” m1 pddleFïlell-i C0“ un“ COHdWlOH- í J J J J a 7 — ‘ ' ' L‘ Así las cosas, ocurrió un dia que liallzïinrlome ¿i la presencia de mi padre, el cual tenia a derecha e izquierda sus brillaba en el desierto, la cual polvareda era producida >—¿Cual? —— lue monte" t r ' . ' . . i» . - , . alQuaciles naaïores, vimos levantarse una Polvareda; que Q ° en 41 00h81 3; ÏÏGVGS COHÍIQO tlIGZ 854m“: P313 que te JÚOÜÜPÏMWÜ; l’ C011 31103; 3094111135 03783‘ , . . .. . , das de Jrovisiones v algun ' v ' e « ' » . . - onaba la tierra con estrepitosos relinehos. Dijo mi padrez-Seno- 1 u ‘ a 05 oblelos P1001050» Cïlmmahïs C011 91 mïlïïdïïdeïü l; despues que hubieres llegado adonde por un jinete de negra Vestidura, cuyo caballo atr reside la ‘loncena pïeseiïciarás su pelea con Alchamuh, si este la venciere daras la vuelta con los t ' ’ ' ' ‘ ‘ uyos; pero S1 res arabes, ¿que pensais de ese jinete que se acerca‘?—Respondieron nnosz-Gidi’, creemos que debe ser algun , , , r - e no saliese vencedor echate la ' * - i ' ’-—— 7 r -. - . , . poeta-Observaron ÜÍFOSI-—JH]BÉG y caballo parecen seres maleficos.-—Entonces, repuso mi padre:—Zeyyad, monta ° V153” al 105W) 3 th" lo SOY ¿GYYMLÏWIPAUNI el d“ Qulnena. ¡Asi el cielo te a caballo v mira que pretendo ese ii nete v (juien sea 01501131“? “Cabal, CO“ felicidad la emP-‘Vega (1119 le propones! 1.4.. u z p, ¡a u“ - " lilonte al instante y sali’ del campamento, acompañaíh) (le mÏS PVÏÏHOS; WIN-lO ill GHGIIBHÍPO del jinete: el Cual —___._...—»———a—« luego que me vió, se apeó de su cabalgadura, y tlljOZ —Señores árabes, mostradme al que es jarincipe soberano del mundo, en la dilatada extension de sus terminos (1) Fórmula inicial delos escritos arabes. Significa: en el nombre ¿le Dios. y señor del orbe con todo lo preciado que encierra. Respondimosle todosz-«¿tgiiiién es ese personaje‘? (l) ¿Xrquera dc la hermosura. (2) El que aumenta los bienes concedidos por Dios. v H EDAD M Cl)li\_.——l’ALEUtir ‘n CAPÍTULO III. DE LA Skldllk DE XlflYYÏxl) Pklïk EL l1,\.‘\Il’.\\lR\"l‘Ü DE [A PRINLZFIS.\. SAIHÏI, CON EL RFiÑlDt) UÓNIBATWÉ EÑFRE ALCHAMLÏEX Y LA PRINUESA, LO?» PEREGRIÑOR IÑCÍDEÑFFIS DE SU l.’»_X'l‘AIilí.\ Y 'l‘I’tlUNl<‘O, Y (JÓMO VOLVILl VICXIÏORIOSO AL CAMPAMENTO DE SU PADRE. Oido el irzizriiiztininntti del autor dc uiis dias, dispuse que se me presentase el mantlarlero, quien no tardo en estar en mi presencia; despues hice traer mi caballo generoso, ziquel que ¿tcostumbraba a servírme en mis viajes (noble bruto que no neccsihLLba comer ui beber en siete ilias izon sus noches), y mandando que me trajeseíi asimismo un czmiolli) de carga, acoínodo en el víveres y algunos objetos de valor. (‘ion estas jirovisiones, viaje ilurante tres días, y al amanecer el cuarto, comencé a caminar por una comarca de (ionsiilerable extension, embellerczida con flores y verdura. Alli se ofrecio a mi vista un campamento con mil tien- das de blancos acícafes o techumbres, enfrente de las cuales descollaba elegante alcazar, cuyo blanco muro tiejaba atras la blancsura de la yialcima, con dar lugar su extraordinaria altura a sombras mayores que las produci- das por las nubes. Contemplaiidr) estaba lo delicioso del sitio, admirado de su hermosura y amenidad, cuando abriéndose la puerta del ÍLlCEÏZELI‘ vi salir de el a un caballero, al cual seguían por la derecha mano cien jinetes, y otros tantos por la izquierda. Montaba el caballero una excelente yegua pia, docil y briosa. Los que salieron de alcazai‘ se dirigieron inmediatamenxte a un yialenque o campo de liza, largo como de una milla, por otro tanto de ancho. y Míranilo entonces hacia la parte en que estaban las mil tiendas, obseririï, que salia por aquel lado otro caballero montado sobre magnifico corcel negro, y al cual seguían cuatro mil jinetes, apuestos y gallardos. Esta comitiva ezncaminifa, como la anterior, al palenque descrito, donde comenzo a ejecutar evoluciones y escarceos. A poco vi a un anciano, que apeandose de su cabalgadura se acerco primero a saludar al guerrero que montaba la yegua pia, y «despues al que cabalgaba sobre el troton negro, hecho lo cual comenzo entre los dos campeones batalla (lescomunal y espantable. Prcgunttes a uno de los caballeros alli presentes: ——¿Quienes son esos dos laaladínces? {csponrliomez-No son dos pztlfttllllOS, Slim una doncella y un guerrero. —Decidme, ¿quien es la doncella i’ —El jinete de la yegua pia es la princesa Sade, hija de Tariq Alhiloli; en cuanto al segundo, que monta el caba- llo negro es el monarca Alchainuh. Estando en estas preguntas y respuestas, oi un grito horroroso, y Volviendo 1a cabeza hacia el lugar de donde parecía salir el grito, ¿tLlVGFtÍ que la doncella daba un bote a Alchamuh con el asta de la lanza, hasta derribarle en tierra, con lo cual volo el turbante que llevaba aquel en la cabeza, poniendo al descubierto sus canas que comenzaban-ei atacarle la raiz de los cabellos. En seguida volvio la doncella la punta de la lanza, hasta colocarla debajo del brazo y con el cuento empezo a golpear la cabeza al vencido. Al ver esto, sin poder contenerme, exclame:——¡Valga,me Dios y que muchacha! ¡Sera capaz de aplastar la mo- llera a un pítlíttlln tan ilustre lm-En seguida me (lirigi hacia ella y la dije:——¿l\7<) tienes madre, ni padre ? Ella, me coi1t(ésto:—¿_()ii_ii5i1 eres tu para hacerme esa pregunta? ——Mí nombre, repuse, esta escrito en mi lanza y solo llega a saberlo el que es herido por ella. Al «airme, prorrumpio en un horrible grito de guerra, con que intentó aturdirme; pero yo prorrumpí en otro siamejantt) contra la heroína (l), comenzando entre ¿’imbosïatarjue reñido y acometida furiosa, al punto de que al momento vinii2i'oí1 los lances de consideracion, cesando los escarceos galantes. Allí se mostraron las reglas del ¡irte y se elevo a grande altura la pericia de los ejercítados en batallas, multiplicandose las peripecias de las situa- ciones (lÍflOllESI entonces reconoci, Oll miramamolin, que la princesa tenia un modo de combatir terrible. (l) Desde aqui todo el parrafo, zt excepcion de la última, rlziusula, se halla escrito cn prosa rimada con cierto lujo de aparato retóríco, comun en este linaje de (lGSCITlLNJÏOHCS. HISTORIA. DE ZEYYÏAD BEN "ANIIR-GÜDICB} ARPLBIGO DEL ESCORIAL. 9 En tanto nos contemplaban los arabes, asombrados de ver la violencia del conibztte que yo sostenía con ella. Mírabannos los próceres de las tribus con los ojos fijos en nuestros movimientos, cuando me arroje sobre la heroína con un grito espantoso, y acometiendola con la lanza la derribo en tierra. Al caer voló el turbante y tocas que tenia puestas en la cabeza, con lo cual ccintemplé su fisonomía, persuadiéndome de que su talle era el hermoso pedestal de la luna llena de su rostro. Apenas la hube mirado, comenzo a divagar mi pensamiento entre la memoria de mi mismo y el efecto que me producía su vista. Gon todo, bajé por mi mano el antifaz destinado a cubrir su semblante, y levantando el que velaba el mio, grite en voz alta: «Yo soy Zeyyad-ben-Amír el de Quínena». Al decir esto ví a los arabes que se apeaban de sus cabalgaduras y adelantandose hacia donde yo estaba un ancia- no que habia con ellos, cuando estuvo cerca de mi me hablo estas razones: ——Hazme merced de echar pie a tierra, caballero; tuya es la princesa. Respondilez-Buen viejo, ¿quién eres tú para hacerme oferta semejante‘? Gontesto zmsoy su padre Tariq-ben-Amii‘ Alhíleli. Entonces repliquéw-Entiendo que las hijas de los reyes se han de recibir con grandes solemnidades y previa la entrega de dote. ——«¿ Que más dote, dijo el anciano, que haberla tu vencido‘? » —No, pardiez, es preciso que tu estipules cual debe ser, segun la calidad de la princesa. —Fijala tu tu albedrío. wPues bien, propongo cien «iamellas bermejas, cien bayas y cien de color blanco. Demas de esto, cien caballos descendientes de las yeguas del Profeta, cien onzas de oro purisimo e igual número de onzas de plata. --Enhorabuena, pero baja del caballo y descansaras con nosotros. —No en verdad, dije, no descansaro hasta que vuelva con lo estipulado y sea dueno legitimo de esa doncella. En seguida di la vuelta al campamento _de mi padre, cuidando de poner en su conocimiento, en cuanto estuve proximo a el, la noticia del feliz éxito de mi aventura con la heroína batalladora. La alegria del anciano fue vehe- mentisima. Dio caballos a mis primos, para que me saliesen inmediatamente al encuentro, mando tocar atabales y tremolar banderas, y despues _vino en persona a recibirme. Al verme, se apeo de su caballo, e imitandole yo en esto, eche pie a tierra; despues de lo cual me estrecho con- tra su crorazon y me beso entre los ojos. Fuera de si con la alegrizifine regalo el oido con estas lisonjeras palabras: —«Bendiga Dios en ti al que ha tenido la dicha de engendrarte. l Por mi parte exprese los deseos que mc animalntíi, en estos terminosz-Padre mio, concededme a la mayor brevedad posible que PUBLÏEL cumplir las estipulaciones que he concertado, con aunïiento de dos tantos más, sobre la cantidad señalada. Otorgolo el anciano y mando que me acompanasen a llevar los presentes quinientos jinetes escogidos, entre mis deudos. ' i YO 16s dljeï-f\gllïtl‘tlad un. momento para que yo vaya delante de todos, luego seguidme y ca¡11i11ap¿;¡1¡(,g ¿,51 hasta que entre en el territorio y estados de mi prometida. CAPÍTULO A IV. VUELTA DE ZEYYAD AL CAÍVIPiXMENTO na Los nexo-timing, sus Pnnaeuixgxoioniïs PARA ENCONTRAR ÁLA PRINCESA SADÉ Y sv LLEGADA Á LOS JARDINES DE LA INFANTA LLANÍADA ((;\IP\.OUEPI..‘\ DE LA. HERMOSUBA», Caminamos tres dias hasta pisar tierra dc los Benu -Hil.el ; entonces (lije a mis deudos:——-Os jarecederiï, al propo— sito de mostrarme a los Benu-Hilel, ¡i fin de informarles de vuestra venida, para que se preparen a recibiras. C011 efecto, me adelante hacia el pueblo zi dar la noticia; "pero no bien hube tendido las miradas por el campa- mento, cuando lo halle destruido e dicendiado, y hasta cortada la arboleda del valle. Al advertir esta mudanza, 3 ‘lU EDAD MEDIAF-PALEÜGRAFÍA LlTERARIA. comence á hablar entre mi de este modo:——¿Que es lo que veo? ¿Que se ha hecho del pueblo que existía en este sitio ‘B Estando en esto, y con gran solicitud por la suerte de los que en el moraban, ví en el fondo del valle á una anciana ciega, la cual, luego que sintió el ruido de mi caballo comenzó a hablar y a decir:-—¿Que utilidad te pro- porciona mi muerte? Greta la infeliz que yo era alguno de los que habian causado el daño. Díjelar-Buena vieja, ¿quien eres‘? Contestómeïz-Pertenezco a la tribu de los Benu-Hilel. -——¿ Que os ha sucedido‘? "¿Quien eres tu, para que te de noticia de lo que 1108 ha pasado í.’ ——Soy Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena. ——No se te deben, Zeyyad, dijo la anciana, placemes ni albricias por tu venida, pues sólo por causa tuya nos ha sucedido cuanto estas mirando. Pregunte yo:—¿ Cómo ha ocurrido eso? Respondió la ancianat-Guando partiste para traer los regalos de boda convenidos, se retiró Alchamuh a des- cansar en el campamento de los suyos. Entonces el padre de la princesa le envió regalos de hospitalidad, entre los cuales se contaba vino. Los que acompañaban a Alchamuh comieron y bebieron hasta embriagarse. Cuando Aloha- muh se halló el mismo ebrio, dijo a los suyosz-«Montad á Oflballor-Montaron, con efecto, y puesto en disposi- cion de marcha, como a la sazon estuviese dormida la gente del pueblo, se arrojaron sobre ella cual puedes ver por los resultados, dieron muerte a los peones, hicieron morder el polvo a los caballeros, cautivaron a las muje- res y despues de hacer prisioneros a la princesa y a su padre y deudos, se los llevaron al pais donde Alchamuh tiene sus estados. Cuando acabe de oir su relacion, arroje un grito doloroso, sintiendo la turbacion de un vértigo que me dejó sin sentido. Vuelto en mi, di a la anciana mis instrucciones, diciendolez-Sientate aquí hasta que lleguen mis deu- dos con los regalos que traen: les, prevendre que se vuelvan y te conduzcan á 1a presencia de mi padre, a quien referirás todo lo ocurrido; que yo caminare en busca de la princesa, aunque haya sido subida al lugar más alto adonde se eleva el Sol, ó se ocultare en las entrañas de la tierra. Dicho esto, y habiendo cumplido la promesa que hice a la anciana, comence a caminar (l) por una tierra negra, dilatada y esteril, donde no hay hombres ni albergues, ni se oye ruido alguno, sino es el (zausado por las idas y venidas de los hijos del maldito Iblis (2); no entra en ella lobo que no quede aturdido, ni leon que no enferme de sed; los que entran en ella estan perdidos, los que salen de ella quedan encorvados; no se produce en sus terminos otro arbusto que la coloquíntida, ni crece otra hierba que el jaramago; no se ve en ella agua, que no cause ad.mi- racion y brille como el fulgor de la candela ó la extrañeza del viajero que camina por sendas extraviadas, y la que hay no la beberia persona de cuantas beben, ni la buscaría quien tuviere necesidad, pues su calor abrasa y el licor de ella se halla mezclado con lodo. En aquella tierra, el polvo, que es negro, al brillo del Sol toma color de ceniza, los arboles son de madera de poco peso, echan fuego las piedras, y los genios y los gules (3) son los unicos mora- dores. Region tan extensa, como mal aventurada, cuya descripcion couturlaa el ánimo del acostumbrado a co- modidades, y doude, en suma, hasta la madera de las lanzas salta al calor como los escorpiones al cogerlos. Continue mi camino, oh miramamolin, buscando por un lado y otro algun lugar habitado, durante diez días hasta que fue el onceno y con el llegó la resurreccion de mi animo. Aquel dia vi delante de mi erguirse un otero entre montes elevados. Apresure la carrera hasta llegar a el, y subiendo a dicha altura, ví una tierra blanca, que parecia alcanfor, abundante en pastos y agua, la cual ofrecía el aspecto de numerosos arroyos de plata. El terreno que se mostraba era de mucha extension y de hermoso suelo cultivable, con bellos huertos, puesto que le divídía un valle tan deleitoso, que se quedaria corta toda lengua en la tarea de describirlo y cualquier hombre de inge- nio, que intentara encarecerlo. (l) Prosa riruada ó retórica en el texto. (2) El diablo tentador de nuestros primeros padres. (3) Demonios en forma de serpientes. —__—...._..._ _._.__—._. _._ _. HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMllï-«CÚDIGÏÉ ARABIGO DEL ESCORIAL. ll En medio del valle habia hasta diez tiendas de blancos acicafes, entre las cuales se alzaba un pabellon ó toldo elevado cincuenta brazas sobre columnas con embutidos dc oro brillante. El toldo era de lmocado dr- color verde. A todo esto, no veía a nadie, ni dentro ni fuera de las tiendas. Acerqueme a una gruta situada en las cercanías, donde hice rsntreu‘ a mi caballo y habiendo tomado cerdas de su cola, le ate con ellas la lengua, para que no relinchase y al ruido se llamaso la atencion sobre mi. Luego me oculte entre los arboles del valle y vi una doncella vestida con un trajo de brocado amarillo, ornado el cuello con collares brillantísinios y la cabeza con una corona de rosas. Llevaba en la mano un tabaque ó canastillo de pla- ta, donde iba reuniendo variedad de rosas, copia de azahares olorosos, azuzenas y manzanillas. Salte adonde se hallaba la jóven, y, cogiendola con violencia, la levante primero en alto, despues de lo cual dí con ella en el suelo _v saque mi puñal con ademan de degollarla. Al verse de esta suerte gritó dolorosamen te la jóven:- Muley, ¿no sera parte a retraerte de quitarme la vida, ni mi gallardia natural, ni lo agraciado dc mi rostro, ni el saber que soy doncella honrada? Díjelaz-Dime quien eres, como si hablaras delante de Dios, cual es tu nombre y de quien es la tierra en que nos hallamos. Ella respondió:-——En cuanto a mi nombre es Salome, hija de Amir; por lo que toca a esta tierra, pertenece a los Benu-Hilel y esta tienda es de la doncella ilustre y poderosa, que llaman Bafidato-l-chaiïiel, hija de Guail As-sahmi (l). Apenas habia escuchado sus palabras, cuando regocijado sobremanera por la nueva que acababa de darme, la dije:--¿Quieres la libertad y que se "trueque tu situacion por los mayores miramientos, sin que tengas que arre- pentirte por ingratitud de mi parte? —Sin duda Hlglll]&,—*1"6SpUllLll(l ella. mPues lJlell-r-ÏBPÚSB, -—j'i'u'an1e, y pronieteme que te daras tal mana (bon la infanta, :1 quien llaman la A7"- quem de la fierwzasura hasta ClÍSPOHBPlLl de modo (jue Se establezcan relaciones entre ella y yo, facilitandome el que posea el corazon de dicha infanta. Prometiólo y habiendome jurado ser leal al pacto, yo tambien se lo jure a ella. Despues se ¿ipartó de mi por un instante al objeto de ir a su tienda de donde volvió, trayendome un vestido de doncella que me puse en el acto. A la sazon era yo imberbe y carecía de vello en mis mejillas; en VlÏtUCl de mis pocos años. . Luego me asió de la mano, y conduciendome a una ‘tienda de CODGIÏLÍZO entabacado, me hizo entrar en ella y me presentó comida y bebida que acepte sin repugnancía. Despues vino la noche, y a la hora en que se cubre de tinieblas la tierra, y se cierran al sueño los ojos, y Iman. tras brillan en el cielo las estrellas como flores que abren sus calices, y todo parece dormir menos la gloria del‘ Omnipotente; Salomé me habló de esta manera: —-Mio Cid, descansad sobre ese lecho, en tanto que yo voy a verla infanta, pues habeis de saber que estas diez tiendas son de doncellas iguales a mi, que la sirven cada cual una noche la (zornida y bebida. Ahora. la hablare de ti y, si advierto que le agrada el oir hïtblar de tu persona, le seguire el hilo de la conversacion, para. vii-u‘ si con- sigo que te hagas dueño de su alma poniendoos a ambos en relacion, si Dios es servido. CAPÍTULO V. DE LOS DISCRETOS RAZONAMIENTOS QUE MEDIARON ENTRE EL PRÍNCIPE ZEYYAD Y LA 1N1v,\N'1‘A ARQUEHA DE LA HERMOSUBÁ ‘ 7 HALLAZGO DE LA PRINCESA SADE, E INGENIOSA IVLXNFJRA CON QUE IJA INFANTA CONSIGUIÓ LA LIBERTAD DE LA PRINCESA Y EL ASENTIMIEIWFO nn ALGHAMUH A TODO LO GONGERTADO CON EL PRÍNCIPE Despues de la salida de Salomé, no bien habria aguardado unas tres horas, (mande) oí ruido considerable de gente y levantando la cabeza vi llegar con ella otras diez jovenes, tan hermosas como lunas, las guajes’ acercándüse me dijeron estas palabras: (1) Como se advierte por el contexto, Ben Gmail ¡‘Xs-sabmí Ó hijo de Gmail ¿ks-saihmí era la alcuirnia del príncipe A1chamuh_ 13:2 sean MEDIAwPrXLEÜGRiAFÍA LITERARIA. —Levantaos, caballero, nuestra señora y ama la Arquera de la hermosura, consiente en rccibiros. Levanteme y fuímer con ellas ‘al pabellon antes descrito, rlonde se ofreció a mis ojos una doncella de tan pere- grina beldad, que no veran superior en el mundo los mortales dotados de vista. En cuanto me vió, se levantó, haciendome reverencia, y despues de ‘invitarme con afabilirlad. a que me sentara me dijo:—-—Bien venido seas a mi presencia, oh tú el Señor de los Reyes y el Rey de los heroes. Tras este, hizo traerme agua para las manos y ofrecernne manjares. Al terminarse la refaccion, dije a la prin- cesaz-Por Dios, servíos decirme, Arquera de la hermosura, que causa movió a vuestro padre a obrar de la manera que lo ha hecho. Yo me porte bien con el, librandole de recibir golpes de lanza en presencia de las cabilas de los arabes, y el me recoiïnjaerisa, en cambio, robandome mi esposa durante mi ausencia, y dando muerte y cautivando a los subditiïis y parientes de tan esclarecida princesa. Ella me respondio : N; Ah Señor de los Reyes! Ciertamente tienes razon, los ¿’irabes te deben gratitud, y mi mis- mo padre se halla arrepentido de su conducta. Aparte de esto, yo estoy dispuesta a reparar el daño, galardonán- dote y reuniendote con tu esposa Sade, mas pongo a ello una condicion. ——¿Que exigisïh-me apresure a pregunta * a la infanta. —-—Que obtenga jiarte en tu corazon, al objeto de que sea tambien tu esposa y tú mi marido. Prometíselo en el acto y continuamos pasando las horas comiendo y bebiendo a nuestro placer, como si aquella noche se hubilera (rentado por nuestrzt. Apenas parecia mediada, oímos mucho ruido de personas y a una que decia: “Viene el rey a visitar a su hija. Al escuchar esto, dijo la princesa:——-l\lio Cid, ve con Salome a su tienda hasta ver lo que pretende mi padre. Salí con la doncella, que me asió de la mano, y a poco vi a Alchamuh montado en un corcel negro, seguido de dos jinetes, los cuales citando estuvieron cerca del pabellon, se quedaron algo detras, mientras Alchamuh se apeaba y entraba a ver a su hija. Despues de saludarse ambos con cariñosos zalemas y hablar un instante de cosas indiferentes, dijo la infanta: --¡Ay padre mio! Lo que has hecho, es sobre manera vergonzoso. Respondióc-«Iliyja mia de mi alma, ¿que he hecho yo? —-Lo que has hecho y es sabido ya entre los árabes, sus cabilas y sus reyes, es que, a un hombre que te defendió de los golpes de lanza, ante los ¡’irabes reunidos, en galardon de ello le has cautivado su esposa, dando muerte a las gentes que tenía y aprisionando a los deudos y al padre de aquella princesa. Mira si este es bien ‘vergonzoso. Replicóle Alcha1nuh:—¡Ay hija mía! El amor de tan hermosa jóven ha subyugado mi animo, y el primer de su belleza y perfecciones han rendido mi entendimiento; pero ya esta hecho. Ahora voy a envizirtela, para que pro- cures ganar su estimacion, y puesto que mi felicidad consiste en pensar en el.la., la inclines a casarse conmigo, que es el blanco de mis deseos; asegurandola que su dote serán doce mil doblas de oro, que la devolverá además todos los bienes que pertenecieron á su padre y reedificare el palacio arruinado. Probemos si de esta manera pue- de ÏOgFaTSG que Seacontenta de que yo sea sn esposo, pues, si viniere en ello, celebrare con ella bodas, para ver si puedo tener de esa princesa un hijo que sea esforzado y señoree las Cabilíïs de 10s árabes. Prometió la infanta obrar en todo como se le preventa, despues de lo cual salió el rey del pabellon; pero no bien habia andado algunos pasos comenzó a hablar un pajaro en un arbol. Dijole uno de sus alguaciles Inayoresr-¿j Sabeis, oh amir, lo que dice ese ¿Ve? "fl-¿QL-¡(SJ dice ‘P-«pregiuitó el rey. u «Dice que un calaallero jóven, ha salido de estar con la Iiija del rey y ha entrado en las tiendas. Ciertamente, aquel alguacil era muy entendido en el arte de interpretar el gorjeo de las aves, como quien habia’ leido los libros de los filósofos y hecho estudios profundos sobre la ciencia fisiognómica. Cuando oyó el rey tales palabras montó en cólera violentísima, su cuerpo pareció crisparse y comenzó a excla- mar de esta suerte:-¡Ay, ay! ¿Quien lo hubiese creido? Despues, volviéndose a. la tienda de su hija, gritó con gran fuerza:«Rafidato-l-chamel’, Bafidato-l-chamel. wgfllue mandais, padre mio ?—-«respo.ndic’» ella. »«¿Por ventura, ‘tienes enamorado entre los caballeros zirabes‘? —«No, Miïihiy‘, y Dios me libre. En tanto Salome, que habia oido la conversacion del monarca, me asio de la mano y me llevó á. otra tienda. HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIBu-GÓDICE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 13 Estaba de vuelta en la suya y acostada en su lecho, cuando vino el rey con la mano puesta en el arriaz de la espada y acercándose a la tienda de Salome entró en ella, donde encontró á la jóven dormida. Llamóla a voces el prín- cipe, y habiéndole pedido órdenes la doncella, le jireguntó el si habia alguna otra persona en el cuarto, a lo cual respondió la jóven que sólo tenia en su compañía una criada. Entonces miró el rey y vió efectivamente a la criada, dormida ú los pies del lecho; despues buscó a derecha e izquierda en la tienda y detras de ella y no vió a. nadie, con lo cual salio indignado contra su alguacil, a quien cortó la cabeza con el acero que ceñía. En seguida dijo a su hijaz-Vé: ahora al alcazar. Por mi parte te cedo los cautivos que estan‘ con Sade; por la tuya consagrate a persuadirla y a hacer que me pueda casar con ella, segun te he hablado y tengo concertado contigo. ——-Enhorabuena, padremio,——dij'o la infanta. Luego que se fue el rey a proseguir su camino, me envió llamar Rafidato-l-chamel por medio de sus «loncellas, y designandome por mi immbre.cuando estuve delante, me dijoz-Jeyyad, en marcha. Busque inmediatamente mi caballo y despues de montar en (el, caminamos como cinco millas al fin de las cuales ví un alcázar mas blanco que lapaloma y cuyas altas paredes daban mas sombra que las nubes, edificado, en su mayor parte, de yeso, canto y madera labrada. Concurrian además en su construccion, piedras de sillería, cristales concavos y marmoles poco comunes; rodeabanle huertos con variedad de árboles y en lo mas alto del alca- zar descollaban tres cúpulas ó torres de riqnísima madera de sandalo, donde tocaban laudes y cítaras algunas don- cellas, ornadas por Dios con la hermosura de la gracia y de la alegría. El muro del palacio tenía de elevacion cien veces la altura de un hombre, su ruedo ó contorno sería de ochenta mil brazas. Al llegar a el, salieron a recibimos las doncellas con gritos y albolbolas de regocijo y con sus laudes en las manos. Descansamos la princesa y yo en un estrado de lujosa fabrica, cubierto el suelo con mullidas esteras, con paños sobrepuestos de tailesan (l) y tapices de Haciran nuevos, de un tejido de brocado. Las sillas del aposento eran de marfil con taracea ó embutidos de oro. Mando inmediatamente la princesa que cubrieran el pavimento de toda la habitacion con rosas blancas, narciso, alfade, azuzena, array/an, violetas, manzanillas, jazmines, axerian, conchas de Venus de colores, hojas escogidas de la palma y nenúfares, colocados en macetas de vidrio de esmalte y de cristal, y regado todo con una lluvia de fragante almizcle y de agua de gualda. Despues hizo venir treinta doncellas atavia- das con vestidos magníficos, las cuales se pusieron a nuestro alrededor y comenzamos a pasar una noche de solaz deliciosísima. Sólo habia pasado un tercio de ella cuando ví salir a la infanta, quien despues de un rato que estuvo ‘ausente, volvió a entrar y me dijow-Nlio Cid, tu Sade esta cerca, pero se halla encadenada y cargada de hierros. En mi opi- nion sería lo mejor para ti que subieses en ese lecho, te echaremos encima el mosquitero de modo que te cubra y la traeremos a tu presencia en el mismo sitio donde te hallas. Yo la movere conversacion acerca de mi padre y si accediese a casarse con el, que no vean sus ojos el cielo del mundo; pero si oyes que se acuerda de ti y se muestra ingrata con acjuel por causa tuya, llorando tu ausencia por el amor que te tiene, la libertaremos al plllltll juntamente con toda su familia. _Levanteme del sitio donde estaba y me subí en el lecho, donde me cubrieron con el velo de la sobrecolcha, a la sazon en que sentía encenderse mis entrañas con fuego terrible. Entró a poco Sade, quien, desde que comenzó a hablarle la infanta, lloró abundantemente. Rafidato-l-chamel, le dijoz-«Albricias, princesa, pongo en tu conocimiento que voy a ponerte en libertad, asi como a tu familia, pues ha resuelto casarse contigo mi padre, quien te ofrece en dote doce mil doblas; comprometiéndose a reedificar el alcazar de tu padre y devolverá. los de tu familia cuanto se les ha quitado; por manera, que tu habras de ser su esposa y el tu marido. . Dijo, y habiéndose cubierto la princesa el rostro con las manos durante un momento, exclamó: ——¡Ay! ¡Ay! ¿Que me sucede‘? ¿Despues de tener por prometido al Señor de los reyes y al Rey delos heroes, he de casarme con tu padre‘? Por la venlad que reconozco en la religion de Mahoma (bendígale Dios y le conceda su paz) aseguro que (1) Tela. ¡isadai en los mantos verdes de los príncipes. m!‘ li l j, í: i 4 EDAD MED lA.———l’i&LlEOGPiAl*‘lA LITERARIA‘. aunque sólo tuviese una mano y esta encadenada con hierros de un palmo, sería capaz de introducir en este pala- cio la guerra, despues de haberotorgado la gracia y el perdon; pero no desconfio ni desespero, Rafida, de que Zeyyad-ben-Amir sea sabedor de todo y llegue descubrir esta infamia. Respondióle Rafidato-l-chamel:«Haces bien, Sade, y a fe mía tu cumples con la lealtad, (lei amor. Ahora deseo dirigirte una pregunta. ¿Quisieras pasar la noche en su compartía? Gontestó la princesa:—¡Ay, quien lo pusiera d.elante! Al oir este razonamiento mi regocijo no tuvo limites. Despues la hizo señal Ratfida de que se acercase al lecho donde yo estaba, y fuera de si llego ¿i el corriendo, regalando mi oido con el acento de sus palabras, que me decían con ternura: —-Bien venido seas, Senor de los reyes. y Me incorpore para recibirla en mis brazos y la bese en la frente, ella me devolvió esta caricia llena de regocijo, derramando lágrimas al verme, y exclamó conmovidazwuïlabado sea DÍOS, que nos ha reunido despues de sepa- rarnos en el mundo! Habiendome levantado despues, le quite las cadenas, como asimismo a su padre y deudos, a quienes mandó Rafi- dato-l-chamel que se les sirviera comida y bebida. Cuando vió Sade todo este me interrogo en estos términos:——¿ Por ventura, Cidí, te ha secundado en la empresa la infanta que esta presente? —-Ya lo ves. ¿ Que pretendes ahora? - “Que Rafida sea mi compañera; mi hermana y mi amiga. Respondílaz-Jista bien; y al oirlo Rafidato-l-chamel «no un grito de regocijo. Despues salio del aposento donde nos hallabamos, y habiendo permanecido ausente como una hora, die la vuelta y entró en la habitacion, trayendo sobre sus espaldas el cuerpo de una persona, que depositó en tierra, delante de nosotros. Acerqueme a reconocerle el rostro y no "tarde en advertir que aquel cuerpo era el de un hombre. Entonces dijo la infanta:——Muley, este es mi padre Alchamtih; he ido adonde se hallaba y, despues de haberle embriagado con benjuí, lo traigo a tu presencia. Preguntele (zomo le habia dado el benjui, y lo refirió de esta manera:—Dirigíme adonde se hallaba, y le dije: Al- bricias, padrecito; Sade consiente en casarse contigo. Respondióme a esta nueva: bien te has portado, hijita mia, ahora conviene me des de beber algun vino, para que mi alegría Y l“ 980011.0 S631’! COmPÏÜtOS- presenté“? una COPH de vino, donde habia puesto benjui por medio de Lina, cuentecilla que habia permanecido en la disolucion de esta sustancia durante treinta noches, y en cuanto se durmió le tome en hombros para traertele. Ahora, sile perdo- nas, la honra sera tuya, y si le castigares, sera con arreglo a lo que ha mefeeídü- Yo la dije:—Si de merecímientos se trata, ¿que otra eompensacion ni justicia aquí cabe, sino el recompensar una persona como yo lo que te debe por tu comportamiento conmigo‘? ——Entónces, repuso la infanta, Muley, iruégotze por Dios altísimo que me ates al lado de mi padre, al propósito de que cuando despierte del benjuí crea que yo he sido cautivada al propio tiempo que el. Accediendo a la súplica, mande atarla segun pedia, despues de lo cual fueron trasladados hija y padre al apo- sento, de donde Alchamuh fuera traido. Entonces la infanta mando a una doncella que estaba a sus ordenes que trajese una pluma, la cual, introducida en la boca de su padre, facilitase el que con la mano se le sacara el benjui. _ Al despertar el rey comenzó a decir a gritos:——Rafida,, ¿que estado es «Este en que nos hallamos? Respondióle ella.—Ni se, ni podria explicar lo que nos ha ocurrido. En esto me acerque a su cabecera espada en mano, y le dije: — __¿Ves; ‘traidor, cómo te he aprisionatlo en tu mismo palacio, y hasta dónde llega mi audaiziazi causa de la tuya? Cuando reflexionó sobre lo que le pasaba, dijo:——¡Ay, Zeyyad, no puede levantar a ti los ojos, porcjue tu procediste bien conmigo, y yo he obrade respecto de ti de una manera indigna! Por mi parte le hable de esta suerte:——Alclia1nuh, ¿quieres que te perdone y te quite las ligaduras? Respondió el.—¡Alabado sea Dios! No he conocido entre los hijos de los reyes ninguno mas generoso y esfor- zado que tu; por lo cual, la hija que tengo quiero desposarla contigo, para que siendo tu criada, te sirva de esposa y tu seas su marido. HISTORIA DE ZEYYAD BEN ANllRr-CODICE ARÁBIGO DEL ESGORIAL. u :1?) Dij o, y acepte’ la oferta, mandando al punto a Sade que se sirviera desatar las ligaduras de la infanta, mientras yo lo hacía con Alchamuh; despues de l.e cual, pasamos el resto de la noche con solaz v alegria, siendo completo u nuestro regocijo y contentamiento. CAPÍTULO VI. DE CÓMO FUÉ PROCIABIADO ZEYYAD MONARCA SOBERANO DE LOS BENU-HILEL, CAMPO QUE MANTIENE CON UN CABALLERO Á LA PRESENCIA DE LA TRIBU Y PEREGRINA AVENTURA DEL PRÍNCIPE CON UN LEON FURIOSO. Al amanecer salió Alchamuh jiara donde estaban sus cabilas, y jiresentsindose a ellas modestamente, dijot- Se- ñores, venid y proclamareis al rey. Preguntaron los ¿’irabesz-¿Que rey tenemos sino tu‘? contestó el:——Mi señor y vuestro señor, mi dueño y vuestro dueno es Zeyyad-ben-Amir el de Quinena (l). Apartóse de cada una de ellas un jeque ó anciano, y dirigiéndose adonde yo estaba, entraron todos a mi pre- sencia, seguidos del sultan Alchamuh. Cuando los vió Sade, como no advirtiese otro aparato de corte, su admiracion no tuvo termino. Con todo, des- pues tocaron atabales, se tremolaron banderas en mi honor y se mataron carneros cebados, que fueron condimen- tados con esmero. Continuo en esta forma la celebracion de la fiesta durante un mes. Pasado este tiempo, incli- nóse hítcia mi la princesa Sade, y me habla?) de tal suerte. ———Muley, tengo que pedirte una gracia. Preguntéle:——¿ Qué deseas de mi, alma mia y luz de mis (ijos? COHÉGSÉ(Ï)I«—-QL1ÍSÍBI‘€L que efectuaras tu casamiento con Rafidato-l-chanïel. Á tan extraña peticion respondí sin titubear:——Enh01‘abuena; otorgado le tienes. En consecuencia, mande convocar a los señores arabes y a sus príncipes, y encargue a Alchamuh que hiciese venir sus jueces. Cuando estuvieron presentes todos, pedí a Alchamith su hija en matrimonio, y habiéndomela otorgado, me desposé con ella. Al efecto habia hecho labrar de antemano, con destino al adorno de su persona, ajorcas costosísimas. Dispuse, ademas, que permítneeieran las gentes comiendo y bebiendo a su jilacei‘ y a mis expensas, (lurante siete dias. Cuando llegó el último, mandé preparar el viaje. Aderezóse la infanta, a. quien Jiicr» poner hermosas tiïinicas y brazaletes. Por lo que toca al alino de mi persona, cení la espada, me puse el xreli) o lítsanl, y echzïiuloiue una sobrevesta que me cubría todo el cuerpo, me dispuse para la partida. Monte despues a caballo, y cabalgaron asimismo, con objeto de acompañarme, los mejores del pueblo, en nu- mem de más de seis ¡n51 ‘jinetes ¿tavïajjog con lolvjgas magnificas y espadas tajadoras y resplandecientes, hechas de A acero del J orasan. Cuando iban a dejarme, para que [)1'OSlgl,llel‘a solo mi camino, puseme delante de ellos y les dije en voz alta: «Oh, vosotros todos los arabes que me escuchais, quien me conoce sabe quién soy. En cuanto al que no me cono- ciere, voy a decirle mi nombre. Me llamo Zeyyad-laen-Amir, el de Quinena. Si alguno ha puesto su pensamiento en la esjïiosa que acabo de recibir, Rafidato-l-chrtntiel, hija de Alcihamuh-ben-Guail-Assalimi, quiero disputzirselzt en batalla.» «Que te haga feliz, señor, dijeron los arabes. Acerqtieme en seguida zi ella, asiéndola de la mano por el brazalete, cuando oi un grito terrible. Volvíme hacia el sitio de donde provenía, y ví a un caballero que, habiendo salido de las filas, me dijo: ¿ DÓHClB quieiñes mantener campo conmigo? Despues te llevaras la jpirincesa. (1) Hay rotura en el manuscrito en dos renglones, cuyas reliquias están cubiertas con tiras de papel, si través del cual parecen leerse las frases trascritas. .1 q‘ ‘l 6 EDAD MEDlA.——PALEOGRAFlA LITERARLX. Grande fue mi cólera al escuchar estas palabras. Lance inmediatamente contra el espantoso grito de guerra, y comenzaron entre nosotros terribles cargas y acometidas. En aquel trance, era de ver el simular golpes y el mos- trar briosa destreza en pararlos, como si fuese en una liesta. Permaneeimos estribo contra estribo hasta la noche. Entónces nos separamos sin herida alguna; la princesa fue a descansar en el alcazar, y el caballero desapareció entre los suyos. Citando amaneció Dios con manana deleitosísima, despues que el almuedano hubo llamado a las preces de salutacion, y a la sazon en que el Sol se habia elevado sobre el horizonte, fuí adonde estaba mi eorcel, le apareje las bridas , y ensilltíndole, monte sobre el, acomodandome en su flanco posterior. Luego salí al sitio donde estaban los caballeros de la tribu, y juntos nos dirigimos a buscar a. mi contrario en el lugar del palenque. Llegó a poco el caballero, y habiendome saludado a voces, deseandome larga vida, le conteste con la formular acostumbrada de «Salud y prosperidad. >> En el mismo momento me dijo: «Esto ha de durar entre nosotros hasta que puedan dar lecciones las espadas á los que las einen, los caballos a los que los montan, las lanzas a los que acostumbran a blandirlas, y la tierra a los hombres que en ella moran.» Despues, dando su grito de guerra, y dirigiendole yo el mio, comenzó entre IWIOSOÍPOS HUGWI P8163, 031332 de hacer salir canas al jóven con la violencia de su esfuerzo y de ftmdii‘ el hierro con el fuego de su ardor, continuan- dola todo el dia hasta la noche, en que nos separamos ambos inccilumes; y así pasamos, ¡oh miramamolin! pe- leando (lurelnte veinte dias, sin que ninguno lograse ventaja. Entonces se levante Sade, y me dijo: ——Muley, ¿quicïres que pelee con el como tu combates? Yo le dije: —No se mezcle tu persona en semejante asunto. Al amanecer del dia siguiente monte en un caballo distinto del que me habia servido en los combates anteriores, y salí al palenque. No bien habia llegado al medio, cuando llegó el. caballero y se puso delante de mí. Lance mi grito de guerra y arremeti contra el, trabandose entonces un combate en que pareció avientajarme algun tanto, hasta que, llegado el medio dia, emplee contra el un modo de ataque nuevo. Al observar mi disposicion echó á huir, y yo le seguí todo el dia, mas cuando vino la noche, Llesaparecir) entre collados y selvas. Reflexionando entonces sobre mi situacion, quise volver adonde estaban los mios; pero no sabía hacia tiende. dirigirme, por ignorar el lugar donde me hallaba. Por tiltimo, dije entre míz-Pasarc’: aquí la noche aguardando a la manana si Dios quiere, y despues dare la vuelta adonde los mios se encuentran. Con esta resolucion fuí a eolocarme bajo la copa de un ¿trbol frondoso, eche pie a tierra y trabe los pies a mi caballo. Sentado me hallaba absorto e imaginativo, cuando llegó mis oidos un ruido atronador. - Púseme en pie, y mire hacia el sitio de donde partía y, ví emboscado un leon terrible, cuyo‘ rugido aseme- jaba el estruendo de los atabales y que producía un estrepito terrible con los movimientos de su cuerpo (l). Parecía de incomparable fuerza, tenía melena crecida, musculos y articulaciones dehierro, la boca como una sima, los dientes afilados, la cola extendida y larga. Cualquiera quehahiendoh) Oído le hïlbíeïïl VÏSÉO en “lema” de i100- meter hubiera temblado, y si le hubiera tenido cerca de s1’ hubiera perdido el seso, aunque fuese hombre capaz de vencer al caballo en la carrera, de dirigir diestramente relumbrante espada contra el cuello del enemigo, y de rechazar a los paladines, defendiendose sin descanso. Era el leon de anchas narices y de terribles brazos y garras, levantabase sobre las patas delanteras y arrojaba el polvo a la espalda como el toro, golpeandose con la cola el jaecho. Tenía los ojos torvos, los cuales se volvían a to- das partes atrevidos (2), con el brillo del relámpago y su rugido dejaba fuera de si como el rayo (1110 hiere al Iiombre. Apenas vió mi caballo _preparó la acometida inclimiiidose‘, «lespues se lanzo sobre el, e hiriendoleeon sus unas, le desgarró el vientre y le sacó las entrañas. Al ver aquello le acometí con terrible ímpetu, logrando herirle con mi espada y cortarle los brazuelos, con lo (1) Prosa rímadaen el texto. (2) Sentido probable aunque poco explícito. HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIR-CÓDICE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 17 cual cayó tendido en el suelo y le degolle como si fuera una oveja. Tras esto, saque leños de arder que llevaba conmigo y, encendiendo fuego, ase parte de su carne que comí despues, y pase toda la noche velando por la segu- ridad de mi persona. CAPÍTULO VIIl LLEGA ZEYYAD Á LA TIENDA DE LA VIUDA DE SAD BEN MALIG, REFIÉRESE UN EJEMPLO NOTABLE DE AMOR CONYUGAL Y LA MANERA GON QUE FUERON PROPORGIONAIIS AL PRÍNCIPE NUEVAS ARMAS Y CABALLO_ Cuando amaneció Dios la mañana siguiente que fue muy hermosa, me puse en pie y comence a caminar tierra adelante sin saber de dónde venia, ni adónde iba. Dije entre miz-¡Dios mio, guía mis pasos, oh el Inejor de los que guían! e _ Despues viaje por el desierto todo el dia, sin encontrar a nadie y sin comer ui beber hasta la noche. Al amane- cer el siguiente, camine del mismo modo y asimismo lo Verifique el dia tercero y cuarto. En éste, se ofrecieron delante de mi una colina elevada y montes encumbrados y altísimos. Tendiendo desde aquella la vista, divise un valle adonde me dirigí y despues de haberle atravesado, me halle delante de una tienda de acicafe rojo. A la puerta ví un caballo trabado, una lanza blanca en el suelo y una espada colgada. Entónces comence a dar voces gritando de esta suertet-¡Ah de los que habitais la tienda puesta jen este sitio! ¿Dareis por ventura hospitalidad a un transeunte extraviado y le concedereís a ao de Qgfnep y beber? si esto hicie- reis adquirireís fama por vuestra bondad y seréis señalados por vuestro proceder generoso. Ciertamente no habia terminado mi discurso, cuando se alzaron los eordeles que sujetabail las cortinas de la tienda y salió a recibirme una dama, hermosa como la luna, en la noche durante la epoca de su plenitud, y me dijoz-Entrad, caballero áirabe. ¡Así sea feliz quien te guie, parezca tu enemigo y se debilite quien tenga sobre ti imperio! Entre, pues, en la tienda, donde me fueron presentadas comida y bebida y comence a comer y beber. Despues, como volviese la vista hacia mi derecha y reparase en un jóven dormido sobre un lecho, dije a la damaz-señora, despertad a ese honrado caballero, para que pueda comer en su compania. Entonces ví las lagrimas que caían de sus ojos a lo largo de sus mejillas, semejando hilos de perlas. separados de un collar, y oí que con voz contristada me dÍjOI-Hermano arabe, si estuviese dormido no sería esta tu hospitalidad. Aparte en aquel momento mi mano de lo que estaba comiendo, y dije; —Pardiez, que no comere hasta que me cuentes tu historia. Entónces comenzó ella su relacion en estos terminos: ——Has de saber, hermano arabe, que el que ahí miras es un primo mio, caballero que no tuvo su par. Amábame por extremo; pero celoso de mi, hizo que habitasemos en este valle, para que nadie me viera, y se apartó del trato de las gentes. Llamabase Sad-ben-Malic; pero habiendovivido aqui juntos durante algunos años, le ha aeometido una dolencia que le ha causado la muerte, despues de lo cual he enviado a mis padres un paje, que vivía con nosotros, al propósito de informarles de lo sucedido y espero que vengan en breve. Esta es la historia de mi vida. Ahora serás servido de decirme (asi Dios guarde tu vida), quien seas, Ó por quien eres conocido entre los eirabes. Dijelaz-Me llamo Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena. Apenas pronuncie mi nombre, repuso la damas-Tu eres el esposo de Sade, hija de Tariq. Desearia que me re. firieras la causa que te ha movido a viajar por estos sitios. ' Acto continuo, narre lo que me habia sucedido con el caballero que habia mantenido campo conmigo, durante veinte dias, como se me habia escapado de entre las manos, y la manera con que despues de haberle seguido, se comió el leon mi caballo y llegue luego al lugar donde me encontraba. Al escuchar mi relato comenzó a llorar, y dijo: ——Guala., no tengo otro caballo que ese, te le regalo como asimismo esa loriga y demas arreos militares que estas viendo, los cuales quiero que te pertenezcan. t’! 18 EDAD lN/IEDIA.—PALEOGRAFÍA LITERARIA. Acepte el presente con sumo reconocimiento, y, despues de significarle que deseaba le fuese remunerado con creces, añadí:——Ruego por Dios todopoderoso que descubras el rostro de ese caballero, para que lo mire. ——Esta bien,—-respondió la dama. Luego, levantandose, y yo con ella, apartó el paño que cubría el rostro del muerto, con lo cual pude admirar la hermosura de su semblante, que no parecía sino que estaba vivo. Citando le vió la dama, se precipitó sobre su cuerpo y dijo:-—¡Ay, señor mio, heme aquí llena de tristeza! Despues, dió un grito muy grande y habiendole estrechado contra su pecho, callo. Instela para que se separase, pero guardaba silencio. La moví y eche de ver que se ‘hallaba muerta, sin que se advirtiese en ella rastro de agonía. Entonces dije para míz-No ha querido Dios que tuviese amores con esta dama‘. Salí de la tienda y no tarde en percibir una nube de polvo, divisando en medio de ella tres lanzas, que servían de astas á sendas banderas con pardos y leones rojos, llevadas por un anciano y dos como pajes, que cabalgaban delante de el. Citando me vieron estos delante de la tienda, se precipitaron sobre mi y me dijeron:——Habla, ó sino te daremos muerte con nuestras espadas turcas. Gonteles lo que me habia sucedido con la dama y cómo habia caido muerta, y no les quedó duda de mi veraci- dad. El anciano, despues de llorar copiosamente, me dij'o:—-Era mi hija querida, los que aquí Ves son sus herma- nos; su esposo era hijo de un hermano mio. Á poco entraron en la tienda y recogiendo los cuerpos del caballero y de la dama, les dieron sepultura. Luego tomaron los objetos que había en la tienda, y me dijeronw-Puedeslvenirte con nosotros, ó seguir tu camino ade- lante-Les n1anifeste mi resolucion de continuar mi viaje, significandoles que jel caballo y los arreos militares me habian sido regulados por la dama. Ofrecieronnïelos de nuevo, confirmandome el presente que la dama me habia hecho, con lo cual se despidieron de mi y se fueron para su tierra. CAPÍTULO VIII. AVENTURA DE ZEYYAD CON LA NEGRA ESMERALDA. ENCUENTRO DEL PRÍNCIPE CON TRES CABALLEROS Á LA ORILLA DEjUN LAGO ENGANTADO, EN LAS INMEDIACIONES DEL ALCÁZAR DE AL-LAUALIB. Cuando quede solo, vestí la ‘Ioriga, me puse el litsam ó velo y monte a caballo. Luego me subí a una altura para tender la vista por el valle, sin que por esto conociera hacia donde debia dirigirme. (lamine todo aquel dia hasta la noche y lo mismo un segundo dia un tercero, hasta el cuarto. En este, encontre un rebaño numerosísimo y acercandome adonde pastaba, ví a una esclava negra que cuidaba de el, con una porra de hierro en la mano. ’ Saludela, y despues de responder con el zalam, me dijo afablementezf-Bien venido seas y apeate, pues eres hoy mi huésped. Eche pie a tierra junto adonde ella estaba, y ella tomando un cantare, que tenía al lado, se puso a ordenar leche, que me ofreció para aplacar la sed. Despues se sentó a mi lado y me confió el secreto de su historia, hablando conmigo hasta que fue hora de que se recogiera el ganado. Entónces me dijoz-Monta en tu caballo, Gidí. Monte a caballo y caminamos juntos algun tiempo. Dirigieronse los ganados, que iban delante de ella, a un monte alto, por el cual subimos hasta llegar al medio de el, donde habia una gruta con una puerta de hierro. Des- corrió la negra. el candado y abriendola del todo entramos por ella y despues entró mi caballo. Luego tomó la esclava un carnero y, habiendolo degollado, preparó comida para los dos, sin que intentara rehusarlo por mi parte- vGuando amaneció me dijo:—Puedes quedarte aquí conmigo ó partir, segun" mejor te agrade. Respondíle: —Mi Voluntad es partir para mi patria y tierra. Sin replicarme palabra, se puso otra vez a preparar comida a la cual hice asimismo los honores, y habiendome ofrecido provisiones para el caballo, parti. Ella caminó conmigo, acompañándome durante dos dias, y cuando intentó volverse la dije:——Ahora _me dirás tu nombre ¡así Dios te otorgue misericordia! HISTORIA DE ZEYYAD AMIR-CÓDIGE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 19 Gontestóme ella:—Lla1nome Zabargeda (Esmeralda), hija de Saasan, señora de coronas. Ahora quiero saber quien eres tú ¡asi Dios prolongue tu vidal Díjelaz-Soy Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena. Tras esto besó mi estribo y se fue. Camine aquel dia y el siguiente. Al tercero me halle cerca de una tienda donde habia tres paladines, los cuales desde que me vieron, se levantaron para invitarme á que descansase con ellos, y despues de hacerme bajar de mi caballo, me pusieron delante manjares con que saciar mi apetito. Cuando lo hube hecho me hablaron de esta suerte: —¿Quien eres? ¡Así Dios prolongue tu vida! Respondíz-Soy un caminante extraviado. Se me han perdido unas camellas y he salido en su busca. Dispen- sadme que a mi vez os pregunte quienes sois vosotros. ¡Así Dios prolongue vuestras vidas y os colrne de bendiciones! Entónces dijo uno de ellos:——Yo soy Assima-ben-Gueilan, señor del lugar de las Antorchas de oro y de la Corona de oro mazizo. Tengo una prima, por cuyo amor he disipado tesoros,- la cual, habiendo salido un dia de mi palacio acompañada de sus criadas, ha desaparecido de mi vista con las doncellas de su sequito. Durante un año la he estado buscando por todas partes, hasta que me han informado que se encuentra en este reino, propiedad del príncipe Sera-l—jil (l), ben-Oneb señor del alcazar de Al-laualib y de la albufera de las maravillas (2). Este segundo caba- llero——-continuó,— es Hilel-ben-Amir, señor del Monte lkmarillo y de los Alcázares de blármol, a quien tambien le han quitado otra prima suya, y el tercero es blalic-ben-Sinan, señor del Rio de las bebidas fortificantes (3), a quien le han arrebatado una hija. Preguntelez-¿Dónde esta el ELlCÍIZELI“ de Al-latialib? Díjome:——-Levantate y lo verás. Levanteme y me fuí con el hasta la orilla de un estanque lleno de agua. Al llegar a aquel sitio me dijo. ——Aquí tienes el alcazar, que esta dentro del agua. Preguntele z-¿Y cómo se sale de este sitio? Respondiómez-¿Guando el sol se levanta sobre el horizonte, comienza a subir el alcazar desde el fondo de las aguas, hasta ponerse al nivel de la superficie de la tierra, y por un puente vasto que tiene, salen los caballos al for- raje, y las vacas y rebaños de ovejas a sus pastos. Á la caida de la tarde, cuando el sol se inclina hacia el poniente, vuelven los rebaños, las vacas y los caballos, y tornan á. sumergirse en el agua, esto es, {rentrar en Al-laualib, some- tiendose a sus movimientos. h Pase con ellos la noche, hasta el amanecer. Cuando fue el alba dije:—-Guala: Yo he de ver cómo sale ese alca- zar del agita. Me adelante a los bordes del estanque, para tener ocasion de verlo todo y admirarlo; y con efecto, observe que el alcazar comenzaba a asomar sus almenas por encima del agua, y a medida que se levantaba el sol sobre el hori- zonte, adelantaba en su ascenso, hasta que quedó toda su altura sobre el nivel de la tierra, y ví un puente grandí- simo, que establecía un pavimento sólido desde la puerta del alcazai‘ hasta la tierra de las orillas. CAPÍTULO IX. DESCRÍBENSE LOS COMBATES ENTRE EL PALADIN QUE MORABA EN EL CASTILLO DE AL-LAUALIB Y LOS TRES CABALLEROS LLEGADOS A MANTENER CAMPO (IONTRA EL POR EL RESCATE DE TRES PRINCESAS. Al considerar tales prodigios, mi admiracion fue grande. Di algunos pasos atras, y me sente un poca-En breve, sentí que se abria lapuerta del alcztzar, por donde comenzaron a salir rebaños de carneros y vacas con sus pastores. (l) Caudillo de los caballeros. (2) SÍC, 51%“ en este pasaje. (33 Vino ó café. 90 EDAD MEDIA-PALEOGBAFÍA LITERARIA. Mirandolos estabamos, cuando apareció a nuestra vista un jinete, que tambien habia salido del alcazar. Vestia loriga de hierro con espada ceñida, llevando, ademas, colocadas a los lados exteriores de las piernas dos lanzas relucentísimas. Montaba un caballo de raza pio con fondo alazano, de tres a cinco años de edad, el cual tenia en la frente, en lugar donde el pelo estabavpoco espeso, una mancha blanca tan brillante, que parecia competir con el cerco de la luna (l). Donde colocaba la planta se hubiera roto la piedra y quebrantado el hormigon. Su trote seme- jaba el avanzar del torrente; su carrera era el vuelo del aire. Erguíanse sus orejas como plumas; relucian sus cascos como adirhames de plata, y su cola oscilaba como elegante mosquero. Dócil como una toalla, al compás que resonaban los cascos, se precipitaba su cuerpo, llenando de admiracion al que lo contemplaba, y dejando embele- sado el animo. Con el debia tener parecido aquel por el cual dijo el poeta: De los corceles, que a su lado encuentra, Pasa delante, como el raudo viento; Ni en la llanura libre de sus trabas Vió caballos jamas, sin precederlos; Vastago de las yeguas más ilustres, Él mejoró su raza en sus hijuelos. Habiendo pasado el puente, cabalgó el jinete hasta llegar adonde nos hallábamos. Allí nos dió el zalam en voz muy alta, respondiendole nosotros con la fórmula acostumbrada de desearle larga vida y reconocer su calidad generosa. Despues dijoz-Veo entre vosotros a un caballero mas, a quien no conozco. Y dirigiéndose en seguida a mí, me interrogó en estos terminosz-Deseo saber tu nombre quien eres. Me limite a responder:—Soy un caminante ex- traviado. Tenía unas camellas que se me han perdido, y viniendo en su busca, llegue ayer tarde a este sitio, donde he hallado estos tres altos caballeros, los cuales me convidaron a descansar, ofreciendome hospitalidad en su tienda. Tal es, señor, toda mi historia. Pareció airado contra mi por mi respuesta; mas despues dijo: -¿ Cuantas son las camellas perdidas? Respondíz-Veinte. Repuso entóncesz-Quedate, pues yo te ofrezco otras veinte, como regalo de hospitalidad por mi parte. Díjele:—-¡Ah, señor, que Dios te colme de bendiciones! Luego se dirigió a los tres paladines y les habló en estos terminos: -Despachad en la prosecución de vuestra venganza. En aquel punto ví a Sinan-ben-Malic vestir la cota de malla y echarse el litsam ala cara. Tras este, cubrióse el cuerpo de armadura, ciñóse armas ofensivas y montó en el corcel. Entonces dirigió un grito al caballero del cas- tillo, el cual le respondió con otro, y comenzó entre ambos el ataque y acometida (2). Mostróse en tal momento la destreza en el pelear, apareciendo abandonados los metodos comunes. Acometieronse con lanzas hasta que se rom- pieron, y tiraron luego a herirse con las espadas hasta que se mellaron, y procuraron sujetarse mutuamente, aten- diendo a las manos y a la perturbación producida en los oidos. bliraronse recíprocamente a los ojos, se frotaron los estribos, y aunque se cansaron los brazos y comenzaron a sudarles las frentes, se acosaron, sin embargo, largo tiempo en el lugar de la pelea. _ Hallábanse en tal disposicion, y yo absorto los contemplaba admirando su manera de pelear y de dirigir golpes, cuando oí un grito terrible, como si fuese el trueno que rasga la nube ó viento fortísimo, y ví al dueño del alcazar que gritaba a Sinan-ben-Malic y daba vuelta a su alrededor, como gira la rueda del molino, para precipitarse luego sobre el, ó. como si fuese ave de alto vuelo que se lanza de las altas regiones de la atmósfera, y le arrojaba de la silla como pajaro arrebatado por las uñas del águila, hasta que, dando con el en tierra, le puso la espada acerada en el cuello. Hecho esto, se apeó de su caballo, le ató con ligaduras y cargó de cadenas. (1) Prosa rimada. (2) Prosa rimada. ....__._.-...i._, .-.->-— . .. - — __ , _ , ._. —._ ,_____ ,_ __ HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMIFL-CÓDIGE ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 21 Al propio tiempo repare en un esclavo negro, con brazos de corpulentos hombros, semejante en lo feo a una noche oscura ó a un espíritu maligno olvidado. Gontnrbábase el ¿’mimo al contemplar una cabeza, que parecia per- derse en las nubes y unos pies, que parecian salir de la tierra. Cualquiera, acometido de repente por el, hubiera que- dado exánime, y si le hubiera visto pasar delante hubiera temblado. Su rostro inspiraba terror, el sonido de su voz apenaba el espíritu. Tenía ojos como centellas; narices como albogues; la garganta (larga y ahondada) como el Es- trecho gaditano; la cara como el cuero de un lzitigo; la cabeza semejante auna adarga; era, en fin, asmatico, chato, delgado, abultado de mollera, pudiendose colegir que no se hartaria por mucho que comiera, ni se satisfaria con abundante bebida, y que asimismo sería innaccesible al efecto de las lagrimas ni a compasion por dolor ajeno. Desde que le ví dije para mis adentros: este debe ser esclavo de grande autoridad, segun son extraordinarias sus condiciones. l El paladin, dirigiendole la palabra, le dijoz-Llevate este caballero y pónlo en el c/alabozo grande del aljibe seco. El esclavo tiró de el, y se lo llevó en seguida como si fuera un pequeñuelo. Al llevarlo, le golpeaba de vez en cuando, arrastrandole por el suelo y habiandole de esta suerte: Tu propósito carece de merito y nobleza, pues pre- tendes pelear sin facultades para ello, que ni tú sabes hacerlo, ni tu padre, que vivió antes que tú lo supo. Des- pues entró con el en el alcázar, donde desapareció. Entónces dijo el paladinz-Este dia termina ya su carrera, y el sol está, para ponerse. Volvióse, por tanto, al alcázar y fueron viniendo sucesivamente las vacas, rebaños y camellos. Mis compañeros dijeronz-A esta hora desaparece el alcázar dentro del agua. Entónces les hable en estos terminoss-Quisiera que vinieseis conmigo a contemplar cómo se sumerge jel alca- zar en el agua. Levantaronse y llegaron conmigo a una colina elevada. Allí nos sentamos y pude ver como descendia el alcázar en el estanque, segun desciende el sol en la esfera. Al fin se nos ocultó, y ví que la albufera hervia, y parecía rebosar como rebosa el agua en una caldera. Luego dispusimos volver adonde estabamos, noysin llevar por mi jiarte henchido el ánimo de admiracion por lo que había Visto. EDÍIHIDOS al fin en la tienda, en la cual nos presentaron alimento que no dejamos de aprovechar. Cuando se quitó la mesa, inclinandose hacia mí Assima-ben-Gueilan, tuvimos este dialogo: —Mancebo, ¿quieres permanecer con nosotros? -—Pienso permanecer hasta que me entregue los veinte camellos que me ha ofrecido. Entónces re puso Assima: —-Es un caballero generoso, que te entregará mas de eso. Pasamos la noche, y al dia siguiente, ví levantarse el alcazar del fondo del lago en la forma acostmnbradat Cuando estuvo todo al nivel de la tierra, se abrió y salieron de el los rebaños y el jinete detrás de ellos. Al verle, se levantó de su sitio Assima-ben-Gueilan, se puso la cota de malla, se echó el litsam al rostro, y se acomodó sobre su caballo. a Preguntele:—¿ Que intentas, ó cual es tu pensamiento‘? Respondiómez-Peleai‘ con el, si Dios quiere; Cuando así hablabamosfllegó el jinete, que venía adonde nosotros estábamos, montado sobre un caballo de hermosa estampa, de los que sufren el calor y el frio y sohrellexran la humedad de la atnnósfera, corredor zi mara- villa, perteneciente a la clase de condicion de gacela (l). Acercóse a nosotros y dijo:——-Vivais con salud, señores. Respondimosle con la fórmula acostumbrada de prolongue Dios tú vida y te reconocemos generoso, despues de lo cual dirigiéndose hacia mi, habló de esta suerte.—-Hermano arabe, en lo presente me ocupa el pelear, pero aguarda a que sea entre mi y estos caballeros lo que ha de ser y te cumplire lo prometido. ‘s: Despues añadió dirigiéndose a los dos guerreros. Ahora es tiempo de pelear entre vosotros y yo. Adelantóse Assima, y gritandose recíprocamente, se acometieron el uno al otro con ímpetu violento. Gontinuarcni ( 1) Acarnerado? ¡a 2?? . ¡EDAD MEDlAn-PALEOGRAFÍA LITERARIA. en la lucha hasta la aproximación de la hora del asr (l) en que lanzando el paladin contra su contendiente un grito extraordinario, le dió un bote de lanza del cual le derribó en tierra. Luego gritóz-j Ahsmuchacho! y salió en seguida a servirle un esclavo alto como una palma y muy despierto, quien cargando con Assima en sus espaldas le condujo al alcazar. Despues que hubo entrado, lo hicieron detras de el los rebaños y el caballero, sumergiendose el palacio en la albufera. Al amanecer el dia siguiente, se levantó el tercer caballero, vistióse la loriga, echóse el litsam y despues de cu- brir con armadura todo el cuerpo, se aprestó al combate. Cuando concluyó ‘estos preparativos me tuvo el siguiente razonamiento: -—Jóven, hoy ha de darse entre el paladin y yo una batalla tan reñida que envejeciera a tanto esfuerzo nn hombre mozo, y se fundiria el hierro al calor de tan descomunales golpes, y esto no menos por lo que me toca personal- mente cuanto por parte de mi contrario. Así me hablaba y nos hallabamos en esta conversacion, cuando elevandose sobre el agua el alczizar se abrió y salieron los ganados, detras de los cuales apareció el jaaladin. Venía montado sobre su corcel y despues de acer- carse y saludar como de costumbre, dirigió al caballero un grito terrible y iextraordinario. Lanzáronse al punto, cada cual contra su contendiente, y tuve ocasion de contemplar una pelea entre los dos, como no la vieron los primeros caballeros que brillaron por destreza antes de aquel dia. _ Fingióle el paladin estar a punto de recibir un golpe cualquiera, del cual comenzó a emprender la fuga, adonde le siguió el caballero hasta acercarse a el. Entonces se volvió de cara el falso fugitivo y le dirigió un golpe con el cuento de la lanza, del cual le derribó en tierra. Llamó a otro esclavo, quien se presentó a su mandato semejante a una madera de saben, ó a un tronco de pal- mera quemado, y le dijow-Llevale al calabozo del. alcazar y estrecha la situacion de estos guerreros, mientras les dure la vida. Inmediatamente despues se inclinó hacia mí y me dijo: Recibe hoy esta tienda y los tres caballos de los vencidos, como jjresente de mi parte, que mañana, si Dios quiere, en cuanto sea de dia te entregare los veinte camellos. Dile gracias por todo con la fórmula de rogar a Dios que le remu- nerase, y el se retiró al alcazar. Pasada una hora llegaron tres doncellas que salieron del dicho edificio, trayendo una sobre la cabeza una mesa, otra repuesto de vino y la tercera una jofaina de ‘plata con un jarronde oro precioso y una toalla fina. Cuando estuvieron cerca de mí se prosternaron en mi presencia y se expresaron de esta suerte: ' «Nuestro señor ha dispuesto que te traigamos de su parte esta noche la adiafa, ú obsequio de hospitalidad que tienes delante. ’l‘ras esto pusieron allí los regalos y se retiraron. Despuesque hubieron desaparecido y entrado en el alcazar, mande a los criados que acercasen los objetos en que consistía el regalo y les dijez-Comed conmigo. Rehusarou al principio, pero yo les rogue con instancia que satisficiesen mis deseos. CAPÍTULO X. nn como RasUaLve ZEYYAÏ) ENTRAR EN coarnixrn i>on (JONSEGIJIR LA Linemxxo DE sus (AOMPAÑERÜS. BATALLA QUE SOSTIENE CON EL nunÑo DEL ALGÁZAR DE AL-LAUALIB Y ARRIESGADA EMPRESA QUE AGOÏWETE EN COMPAÑÍA DE UNA VIEJA MANDADEHA DE LAS PRINCESAS GAUTIVAS. Al amanecer el dia siguiente, dije entre míz-Despues de lo que ha pasado a mis compañeros con este paladin que los ha preso y cautivado, ¿puede permanecer de esta suerte? Gualáyque no he de quedar así despues de lo su- cedido, sino que lie de pelear con el nuevamente a ver si logro su libertad, u ocurre con ellos lo que ha de ocurrir. Levanteme prestamente, me puse la loriga, me coloque el litsam y vestidas las armas, me aüümodé sobre, 91 caballo Hecho esto abrióse la jauerta del alcazar v ví al paladin que salia. Dirigíme hacia el, hasta que estuvimos (l) Caida de la tarde. HISTORIA DE ZEYYAD BEN Anna-comen ARÁBIGO DEL ESCORIAL. cerca el uno del otro. Entonces me dió a voces el zalam respondiendole yo con la iïirmula acostumbrada de desearle larga vida y reconocerle generoso. Por su parte me habló de esta suerte: —¿Por que te veo montado‘?——¿ No estoy libre de pelear eontigofixguarda, que te voy a dar los veinte camellos sin que te falte ninguno. ' Dijelez-No tengo necesidad de tus camellos, antes bien es mi voluntad que peleemos los dos ahora. Al oirme prorrumpió en una carcajada, dejando caer la cabeza sobre el arzon de la silla, Despues dijo: —No hagas tal. Respondile.——No hay remedio, es menester que obre de esa suerte. -——¿Con que intentas empresa semejante? -—Sin duda. Despues me dió un grito y comenzó entre ¿’unbos recio combate, con sus cargas y acometidas. Dirigímosnos (l) golpes con las lanzas, hasta que se rompieron, y con las espadas que se mellaron en un momen- to, cosa de no poca admiracion, extremandose la pelea y la destreza que en ‘ella se mostraba. Nos sujetamos las manos hasta que se causaron los brazos y sudaron las frentes, y se ¡mostraron los caballos cubiertos de sudor, volando las chispas de los pedernales tocados por sus cascos. Así pasamos todo el dia hasta la hora del asr ó de declina}? el sol, en que salió del campo, dlGl6I]dOZ-—Gl1ïtl{l., que no eres sino caballero; pero ya es hora de que se sumerja el alea- zar en el agua. Permaneció peleando de la misma manera durante veinte dias, y hallandome una noche- reflexionando sobre la manera con que el paladin combatia, senti’ un ligero ruido en los entrepanos de la jauerta de la tienda, donde vi una anciana de nevada cabeza, la cual se deslizaba la manera de una culebra, que no hubiera podido coger Sata- nas, y cuyos ojos brillaban como antorchas en las tinieblas. Luego que me vió, despues de inclinarse ante mi y hesarme los pies, me dijo: —Ruegote por Dios Todopoderoso, que te compadezcas de mi ancianidatl y aceptes mis excusas, condoliendoíe, al propio tiempo, de quien me envia. _ Díjelez-¿Qtie te ocurre, buena Vieja‘? ¿Que te ha pasado y renal es tu historia? Respondiendo a mi curiosidad, dijo: —Has de saber que a este paladin con quien peleas, Dios le ha consentido que se apodere de las hijas de los reyes; pues, cuando oye hablar de alguna princesa, dotada de gracias y de hermosura, se apodera de ella jnililicaniente y dando muerte a los caballeros que las defienden, las trae al alcazar, de donde no salen janmis. En el hay’ al pre- sente, cien hijas de reyes, las cuales me envian t’: ti para ofrecerte el zalam: (2) y que te de su recado, que es de esta suerte: a Ven esta noche adonde nos hallamos que, pardiez, hemos de hacerte tlueno de tu enemigo.» Cuando pacalur’) de hablar, la i nterpele con estas palabras: y y “Buena \rieja,‘¿cómo llegare adonde estan esas damas y entrara’; en el jaalacio, si esta sumergido en el aguas‘? Respondióz-Jío te guiare, si Dios quiere. A Gon todo repuse aún: -—Buena vieja. En este particular, recelo que haya algun dolo; porqnetengo para mí que del capítulo de la con- cupiscencia vienen al hombre todas las desgracias. Jnrame que dices verdad, por Dios, cuyo nombre sea exaltado, y ratificamelo solemnemente. _ y Me lo juró y ratificó solemnemente, despues de lo cu-al nos dirigimos a la orilla del lago. Descendimcis por ella, hasta llegar cerca de la superficie delragua. Allí habia una enorme cadena, la (Jual luego que fue separada de su. sitio por nuestros esfuerzos aunados, se abrieron las aguas a la derecha e izquierda y vimos debajo de la tierra un subterráneo labrado de marmol, que lo labraron los filósofos, y lo dejaron por reliquia los amalecitas y patri- cios romanos, para hacer su fama memorable. Entró la vieja «lelante de mi y yo detns de ella y nos hallamos enfrente con una puerta de bronce. que tenía (l) Prosa rimada. (2) saludarte. -- .- “¿a ., . fu- 94 EDAD NlEDIiL-PALEOGRAFÏA LITERARIA. m un alambre por un lado, el cual, movido por la vieja, puso en movimiento la puerta que se alzó para arriba. Díjome la anciana : —-Muley, entra. Entre, en efecto, llevandola delante; y donde ella ponia el pié, lo colocaba yo inmediatamente. Así habríamos andado un trecho como un tiro de flecha disparada por ol arco, cuando vimos delante de nosotros un caballo de bronce, con una cadena en la boca. Pregunte á mi guíaz-¿Qué significa ese caballo? ——Has de saben-me dijo,-—que el estanque que se halla ante nosotros, tiene una profundidad cuyo límite se desconoce, siendo peligrosísimo de atravesar, con no existir desde aquí para el alcazar ningun otro paso accesi- ble. Constituye su superficie una extension, cuya longitud es de cien brazas, espacio que no se puede pasar sino sobre este caballo. Ahora es preciso que montes en él. Díjelat-Guala, no montaré ahora; monta ti’i, buena vieja, que yo me acomodare en el despues que tú. Replicómm-Nluley, ¿no existe entre nosotros convencion y pacto de confianza? ——Con todo, juro a Al-lah, que no montaré si tú no vas delante; de esta suerte si hubiere salvacion sera para uno y otro, y si no la hubiere, el fin sera el mismo para ambos. Monto la vieja, y asiéndome de la mano, me hizo montar en el caballo, detias de ella. Tenía el bruto en la espalda una clavija. Hízola girar mi compañera de viaje y echando a volar con nosotros el caballo, pasó el estanque con la rapidez de saeta disparada desde el vientre del arco, hasta dar con la frente en una pared: en aquel punto vimos abrirse una puerta, franqueando sus hojas a derecha e izquierda, por la cual entrando el caballo con nosotros, puso fin á su movimiento. ' Habiendo echado pie a tierra, me dijo la ancianaz-Nlira el espacio de que te hablé antes. Mire efectivamente, y vi un espacio fluido por donde soplaban los cuatro vientos cardinales. ——En verdad—exclamé,——que es cosa de notable consideracion. -—Es—-prosiguió,—-la albufera del aficionado a la sociedad de las mujeres (l). Despuesextendió la mano por debajo de la silla del caballo de bronce, y ví que tenía una segunda clavija, la cual, puesta en movimiento por la anciana, comenzó el caballo a volver por el camino que habia traido, cerrandose la puerta con violencia. Ofreciéronse a mi vista en el alcazar, maravillas como no habia contemplado nunca. No dejamos de caminar, por tanto, yendo la vieja delante, explicandome las maravillas que en el alcázar se mo y dijo la vieja:—Muley, hemos llegado. Siéntate aquí, para straban . A Al fin, encontramos una verja ó jabeque de hierro, que te anuncie a las doncellas, dándoles cuenta de tu llegada. Acercóse la anciana :1 la verja, donde abrió una puerta, disimulada en sus labores y entrando por ella me dejó solo. Habría pasado como una hora, cuando oí ruido tumultuoso, y dijez-Gualá, ¿que sera lo que oigo? Pasado un corto espacio desde que se advirtió aquel ruido, sentí abrirse la puerta que habia en la verja, y vi presentarse unas doncellas que, sobre mostrar toda gentileza en‘ su buena proporcion y estatura, reunían alas rosas de las mejillas, pupilas de narcisos en sus ojos; con un mirar pudoroso como la calendula que se abre. largo y perfumado, dispuesto en bien tejidas trenzas; los movimientos de sus cuerpos Traian el cabello tendido, y tenianpor atavío el alcohol que engrandecia sus ojos, vistosas joyas arrebataban el ánimo; su tez era delicada, y hermosos almaizares. Desde que me vieron, vinieron a besarme la mano y el pie, despues de lo cual se expresaron de esta suerte: ——Siii duda, nos preguntaras, noble señor, a quien Dios bendiga y recompensa, cual sea nuestro estado y quie- nes seainos. Sabe que somos cien doncellas, encerradas en este castillo. Siiplicamoste que vengas con nosotras y no temas, pues, no habrá daño para ti, si Dios quiere. Despues me rodearon, colocandose unas a derecha, otras a izquierda y distribuyendose las demas procediendo- me y siguiendome, y comenzamos a caminar, yendo la vieja delante con una antorcha en la mano. Al llegar a la puerta se abrió y entrando por ella, con las doncellas á los lados, ví un subterráneo con estatuas. Fué corriendo Cr] n I v‘ (1) 5,92‘ tu.» en el texto. HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMlltm-«CÓDIGFI ARÁBIGO DEL ESCORIAL. 25 conmigo a subirse la vieja sobre una estatua, y dos doncellas lo verificaron sobre cada una de las demas, las cuales, todas al sentir a uel eso o -’ = ' ' - - , . q p , omenzaron a moveise, y distribuidos en ellas, subieron con nosotros a cuestas buen espacio, hasta que nos pusieron en el alcazaigjunto a una puerta, donde se pararon. X o r vo a q 1 _. w’ ' z . r 810m6 la vieja de la mano y me hizo entiai en aquel sitio. Alli vi otras iloiicellas sentarlas, las cuales, luego que me vieron, se levantaron, saliendo a recibirme con toda reverencia. 139591195.“? dleïon 13 bïenVeïlïda, (leclafántlome generoso, y me ilijeronz-Muley, bondadoso has estado con nosotras, viniendo hasta este lugar. ixlabado sea Dios que nos ha reunido En seguida me hicieron subir a una manera de trono y me trajeron de comer y de beber, y ¿Om-lr hasta que me sacié bebí hasta ue 1o t i. l 3 I’ = ' ‘ ' » I . 2 Y c q I uve sed, y ala ae a Dios ilandole giacias. Luego me (lIJGFODZ—-SGIIOI‘, levaiitate ahora; el tirano esta cerca, dirígete contra tu enemigo. Veamos si quiere Dios ponerlo en tus manos, Me levante y me dirigí al aposento donde estaba. Habia en el hasta treinta doncellas, en medio de las cuales ví al paladin, que decia: —-Me atormentan presentimientos esta noche. Dejadme que descanse pues mo da el corazon que esta noche t ,9 . z i y, j se apoderara de mí el paladin con quien mantengo pelea. salieron de su presencia las " " - '- r — Jovenes y yo dije para min-«Aguarda a que se duerma tu e ' ’ nemigd-Volvime a mi sitio hasta que supe que dormía Entonces me dirí ' í - » , , . . , , , gi al aposento donde habia estado el l d’ pa a in v lo halle cer« rado. Para abrirlo metí la es ada e i e - ' - Ï . d d h H d p t ntie las puertas y coite los apoyos que las sostenian y me dirigí al lecho, on e no a é a na ie. Salí a buscar ‘l. la vieja v a las doncellas ’ ' ' ‘ . . a quienes hable de esta suerte-No hallo señal de quien busco. Bepuso la anciana: ——Entra conmigo, Muley. Entró efectivamente conmigo la anciana, y anduvimos como un tiro de arco Comenzó mi companei ’ 1 1 - s ‘a a JLISOELI’ e dili entemente or un vasto - g ' p “salon, pero no le encontramos tampoco. Al fin, vimos una puerta cerrada como 1a de una taca o alhacena, y me dijo la anciana: x —Entra aquí. ——Y0 la (llje: ¡Pardiez! ¿Por que no entras tu ilelante? Hízolo así la anciana d entre coi e ' ' i n e - 1 - _b I ° d 2 Y l lla. Habia alli coi o una maiieia de estiado, con su lecho de madera de c ano so ire tarima e oro ' = - w A 3 r - - . . .. , i , y cubiei to eii su mayoi parte (OH un velo cuajado materialmente de jacintos. Dije a la anciana: -—Vuelve es era ’ l‘ ‘ '- * = . ' r‘ » v - - . Y p a a pueita pci donde hemos entiado, Y di a las doncellas que lo verifiqueii del mismo modo. Fuese la vieja y mire hacia las damas, y ví que ‘todas tenían fija la vista en mí desde su sitio, y no cesaban de hacerme señas, como para alentarme. Volví entonces hacia donde estaba el velo y lo levanté con la p t d 1 2 . »- un a e a espada. Despues contemple como el cuerpo de un negro sobre el lecho del estrado. ——-Este es, dije, el aficionado a la sociedad de las mujeres (l) Gualá anadí no he de lierirle hasti m’ l - ' a » a ‘e irar e ver su rostro. y Aproxlmeflle á este efeet“ Y ObSBÏVé ¿[U6 Sobre el rostro tenía como un velo o antifaz formado por los rizos de sus cabellos. Apartelo v aiareció or ie ' a ' — ' » - Ontemplalla [más b H: ,1 lcd d P t ¡bajo el semblante de una doncella lieimosisima, y tal, que no lian podido c ' ‘. e a os ota‘ os de vista ni ilescribirla mas =f A ' A - , . pei ecta y llena de gracia los autores de descri _ ciones, como que parecian derramadas en todo su cuerpo la hermosura y la luz refulgente. Semejaban sus Ojos d}; fuentes (.2) que coiividan con su proximidad al sediento; sus mejillas eran rojas como las rosas de los ' d’ e jar ines" sus cabellos capaces de alentar y conmover las cenizas; su rostro todo presentaba la belleza de la floi de g ad _ ‘ ran o y despedia brillo como la luna, o las perlas ensartadas, ó como un marjal con abundante agua’ su cuello e13, d o ) A i e cristal; su seno, como el asiento de un mercader (entre dos aparadores); su pecho como la granada Tenía el vientre (l) ave-Ñ‘ li: eii el texto. lia misma palabra achb. o con el articulo rií-aiz-lil; se repite cuantas veces ¡raaucílnna «G13153 A ¡, i . - de las mujeres.» _ d l (‘lluolhtl H d wclekïad (2) Hay 'iie o de alai ra“ e itre el dobla si iiifirwido de la ‘llalïlfl ‘ - - ' . - . _ _ J g P ' b r1 ‘I = S" ‘ I“ - « a"? Uy lepetida en el texto, la cual significa zilternativamente eii ará- blgo ojos y fuentes. Jl?‘ ,“" 1:“; i “ E26 EDAD MEDIA. ——PAÏ.EOGRAFÏA LITERARIA. ornado por las ondulaciones de alrededor; dos caderas que se correspondían en igualdad; piernas torneadas; pies bien formados, brazos vistosos, en relacion con el pecho. Despues que la hube contemplado, _exclamé:-¡ Ay! ¡qués viva impresion causa en el alma en todo mi ser! Y cuando acabe de verla, (lijez-Alabado sea Dios que la crió con la mano de su poder, no con la mano de criatura. Enternecíme a su vista, y sintiendome fascinado por su hermo- sura, me acerqué para contemplarla mejor-; y advirtiendo la hermosura de su talle, quedé sobremanera imaginativo. En esto abrió ella los ojos, y desde el punto en que me vió, dió un grito terrible y extraordinario, al que res- pondí por mi parte con otro no menos inerte. Despues saltó del lecho, y puesta dc pie, me dirigió una mirada, con la cual ví la noche convertida en dia. ¡Tanta era su gallardía y el brillo de su hermosura! Porque tenía cuatro ondulaciones en sus carnes bien formadas, a la derecha y por debajo de su talle, y otras tantas a la izquierda, y me creí delante de un ídolo ó estatua como el tlescrito por el poeta, cuando dice: De alcanfor estatua bella-por la. noche me acompaña, Viene á verme con las sombras-y parte D0!‘ la “ïïïilïfiflïi; Si pura y noble ella viene,—pura y noble ella se aparta. - Los encantos de su rostro-á la misma luna paran, Y lo que atlmira la luna-euahïjuier pecho humano inllama. Por eso, cuando se parte,-—con las tinieblas se igualan, Que existen cuando aparece-las que oscurccen el alba, Y cuando llega el ocaso-ntiñe la sangre mis lágrimas. Mirad con que regocijo-saludan’; su llegada, n Y deslizaré mi mano,—llevando en ella mi alma, De la rosada mejillamhasta la ebúrnea garganta, y A Besando a uu tiempo los dedosÉ-que tiñó alheñosa planta. En tanto echaron de ver las doncellas que mantenía batalla con la dama, la cual fue tan- terrible, que a tanto esfuerzo hubiera encanecido un niño y se hubiera fundido el hierro. Acometíla con la fuerza del leon airado, y arrojandome como la garza real se lanza sobre el pajarillo, dí con ella en tierra. Despues, acercandome a la her- mosa, la até las manos a la espalda con las trenzas de sus cabellos. I Viendo lo que yo hacia, me suplico la desatase. “Enhorabuena, dije, mas sera con una condicion: que tú habras de ser mi esposa y yo sere tu marido. —— ¿stoy a tu voluntad, respondió. . Acto continuo la desate y se vistió sus ropas, entre las cuales habia ¡oh miramanioliii! una piel de hombre adobaila, que vestía durante los combates, y al ponérsela, aseguraria cualquiera que la mirase que verdaderamente ‘era un esclavo negro. Cuando se puso en pie la doncella, me tomó de la mano y me dijo: ———¿ Conoces al paladin que peleó contigo por causa de Rafidato-l-chamel? Díjele:—No, en modo alguno. Repuso ellaz-Pues aquel paladin soy yo, que estoy enamorada de ti perdidamente; Mi verdadero nombre es Alchahia, (Cielo Sereno) y la causa de haberme hecho llamar con nombre de varon es que, habiendo muerto mi padre, que era rey, sin dejar quien le heredasc en el reino como no fuese mi persona, apenas llegaba a mis oidos la fama de una doncella hermosa de las que tuviesen calidad de hijas de reyes, la cautivaba peleando ó con enga- ñosas artes. Ahora alabemos a Dios que nos ha reunido. Díjelazé-Señora de reyes, ruégote que pongas en libertad a aquellos compañeros mis amigos. Respondióz-Levantate y vendrais conmigo a visitarlos. ‘ e Asióme dc la mano, y me llevó a un salon en el interior del alcazar, donde hallamos a los tres caballeros ves‘- tidos con trajes de vistosos colores y turbantes de malla en la cabeza, teniendo cada cual a su lado una doncella, y comiendo todos a su placer y bebiendo agradablemente. Al verme, se levantaron a recibirme con apresuramiento y me dieron la bienvenida, apellidándome generoso. Despues pasamos la noche reunidos en vela deleitosísima. HISTORIA DE ZEYYAD BEN AMllÍ-L-GODIGE ARABIGO DEL ESCORIAL. 27‘ CAPÍTULO XI. DONDE SE REFIERE COMO FUÉ PROGLAMADO ZEYYAD MONARCA SOBERANO DE LAS GABILAS QUE MORABAN EN EL TERRITORIO DEL ALGÁZAR DE AL-LAUALIB‘, FIESTAS CELEBRADAS CON OCASION DE SU MATRIMONIO CON CIELO SERENO, Y LLEGADA DE LOS EJERCITOS DEL SULTAN ALCHAMUH, DEL REY AMIR, DE LA PRINCESA SADE Y DE LA INFANTA ARQUERA DE LA I-IERMOSUÏLA. Cuando amaneció Dios su manana, que fué de un dia hermoso, salió la princesa del alcázar, dirigiéndose adonde teníavsus cabilas y deudos, y habiendolos reunido, les habló de esta manera: n —-¿Sabeis quien soy? Respondieron todos a una voz. —Eres nuestro soberano, hijo de nuestros soberanos. —-Sabed, repuso, que no soy un hombre, y que ya no tiene por que ocultarse el que se ocultaba, toda vez que ha llegado para vosotros quien sera monarca perfecto. Yo soy una doncella que he temido antes que arrebataseis de mis manos el reino; pero Dios me ha deparado entre los hijos de los reyes quien pueda ser rey generoso y señor magnanimo. Llamase Zeyyad-ben-Amir, el de Quinena. Despues escogió cien jeques entre los señores árabes de su pueblo, y habiéndolosintroducido á mi presencia, me proclamaron soberano. A Por mi parte, elegí para que fuesen dc mi comitiva a los tres caballeros mencionados, a quienes hice mis justi- cias ó alguaciles mayores. Permaneció la princesa todavía a mi lado sin mudanza en nuestras relaciones, durante siete dias. ' n Al cabo de este tiempo, mande a los señores ‘arabes que montaran a caballo; y dispuestos en cabalgata, y ade- rezada la princesa, solemnice la fiesta nupcizil, descuartizandr) a este efecto vacas y degollando camellos, al pro- pósito de que se preparara comida abundante. Despues consume el matrimonio, convenciemlome de la pureza e integridad de mi esposa. Gontinuaron las gentes comiendo a su placer diez dias, y permanecí al lado de mi amada un mes entero. Pasado el mes, salí con mis alguaciles mayores y con la princesa Cielo Sereno al objeto de internarme en el de- sierto Ay solazarme con la caza, encargando al aya vieja el ornato del ítlCáZal’ y el cuidado de su custodia, como asimismo de cuanto en él se guardaba. Gaminamos, ¡oh miramamolin! el resto de nuestro dia hasta el anochecer, haciemlo alto en un lugar ameno, de hermosos huertos y lleno de verdura, donde pasamos la noche. Al amanecer montamos a caballo y seguimos nuestro ejercicio, pero mientras buscabamos piezas que cazar, vimos ‘quezse levantaba polvo y como una niebla brillante que parecia extenderse a los cuatro vientos. Cuando se disipó la niebla y cesó el polvo, facil fue conocer que procedía de un ejército, cuyas filas apretadas dejaban impre- sion en la tierra (l). Su aspecto se asemejaba a lo lejos ya al del proceloso mar (lleno de oleaje), ya al del torrente que avanza por las riberas; cuando al de las aves que vuelan congregadas de un lado para otro, cuando al de la noche que al parecer se inclina sobre los fantasmas que se muestran en la imaginacion, ó en fin al de una turba de hom- bres ante los cuales se ofrece un muro fortificado, los cuales muestran en los turbantes y coronas variedad de colo- res, y ora corren y se aprietan, ora-se extienden y sueltan las riendas de los corceles con igualdad un lado y otro, al tiempo que levantan en alto las lanzas, no viéndose por todas partes sino banderas tremoladas, atabales que- suenan, señales que brillan sobre los ‘atalayas de las alturas, y caballos como montes que siguen los estamlartes de "vanguardia. l i i‘ Greerias que detras de ellos habia de venir el flanco y la gente menuda con lorigas de las labradas a. estilo de David y fuertes addaylamíes y que traían en sus manos clavas turcas, aceros aladies ligeros, espadas indias y adargas lamties. Parecian recorrer la tierra a su largo y a su. ancho, por sus alturas V sus vaues, ¿m1 sigui“) (-1) Prosa rimada. 28 . EDAD blEDlA.—PiXLEOGRAFl.A LITERARIA. dirigido por adalid entendido en el buscar agua y pozos y en distribuirla en pequeñas porciones, que acierta a tocar en sus manantiales, como si tuviese rios bajo su mano, ó comenzasen acorrer las fuentes á su vista; herencia reci- bida la tal adivinanza en el descubrir agua de sus antepasados remotos. Delante del ejército, la imaginacion adivinaba, ora caudillo fuerte como torvo leon, 0ra paladin Valiente y caba- llero jovial de mucho desenfado que usaba las palabras en su rec.to sentido y construcciones de interpretacion no dificil, con gentil continente y muy discreto consejo, en cierto jinete que montaba sobre una yegua de color de cenizafgallarda, airosa y de perfectas cualidades, tarda en el correr, acelerada en el paso, con la crin recortada por delante y tal que aventajaria a correr a los avestruces en la tierra, é igualaria la rapidez del vuelo de las otras aves. Descendia de los collados, como cuando baja el torrente de la montaña precipitandose en línea recta, dejando ver acerados cascos que llenaban de admiracion y quitaban las penas de la muerte, debiendo ser ella la misma por quien dijo el poeta: Vuela sin alas la yegua, que en ligereza, adelanta viento y rio, y el jinete que la monta, de su rapidez se encanta y de su brío. Pero si de su correr cuando á su grito se aleja, está contento, sabe que si otro la rige, cualquier rio atrás la deja, y más el viento. Al contemplar sus primeres, de su planta. la belleza, y apostura, no es dudoso que halle gracia, en quien toda gentileza se asegura. ¿Que importa que cl hombre vano, cual su esclava la presente sin consuelo‘? Si al despedirse al galope, como el ave independiente ‘ huye del suelo. Cuando se acercó a nosotros el jinete, se dirigió á acometernos lanzando un grito pavoroso, pero habiéndole considerado atentamente, reconocí con sorpresa que era Alchamuh Ben Guail As-sahmí. Por su parte reparo en mi persona, y se apresuró a echar pié a tierra, y poniéndose a mi lado, despues de besarme el pié y la mano dijo: Señores arabes, este es nuestro señor y dueño a quien buscamos tanto tiempo, aquí teneis a Zeyyad Ben Amir el de Quínena. Dijo y llegaron los príncipes de los arabes, los cuales habiéndose acercado me saludaron cortesmente. Invitéles zí descansar, lo cual hicieron en las tiendas que dispuse se armaran para recibirlos. Asimismo mandé obsequiarlos espléndidamente con dones de hospitalidad, y celebrar un festin que durase tres dias. Despues se levantó Aloha- muh y besandome la mano dijo: . Atras he dejado a tu padre y deudos, los cuales recorren el mundo buscándote con ejército poderoso, y lo mismo ha hecho Sadé que viene a la cabeza de otro ejército no menos considerable, habiendo señalado todos como punto de reunion al alcazar de Al-laualib y Albufera del aficionado a la sociedad de las mujeres. Habiendo oido hablar de mis relaciones y conversacion con Alchamuh, la princesa Alchahia juntamente con Malic Ben Sinan, Assima Ben Gueilan y Hilel Ben Amir, acudieron a mi presencia y les informe de la venida de los ejércitos, lo cual les causó mucha alegría. Al propio tiempo mandé traer dones de hospitalidad, que repartí entre las eabilas de los átrabes durante tres lllSlIlliIiA DE ZEYYAD BEN AblIl’r.—GODlGl